Historia 085
Esta es la historia 085 de 450 que te contaremos sobre León
En torno a una taza de café, cientos de clientes del Café Moka “arreglaban el mundo”. La cita era a cualquier hora del día. Este negocio comenzó a inundar con su aroma la calle Belisario Domínguez en 1964 y, desde 1984, se estableció en el Portal Padilla, donde hasta hoy sigue de pie como uno de los cafés tradicionales del Centro Histórico de León.

El local llegó algunos años después del derrumbe del Portal Padilla en 1980. Antes de ser cafetería, el sitio funcionó como cantina, y con el tiempo se convirtió en un punto de reunión sin distinción de clases sociales.
Rostros emblemáticos
El Café Moka tuvo como rostros emblemáticos a dos jóvenes recordadas por los clientes: Angélica Alfaro y Celina Castellanos, quienes atendían el negocio en su primera ubicación de Belisario Domínguez y después continuaron en el Portal Padilla.
Actualmente el café es atendido por Elba Alfaro Hernández, de 80 años.

Aquí seguimos. Yo entré cuando mi hermana, la pionera Angélica, se salió para casarse. Entré jovencita, como de 18 años”, recuerda.
Cuenta que el negocio pertenecía a un español llamado Domingo Alemán Cruz, quien posteriormente lo dejó en manos de José Luis López, quien decidió que Angélica Alfaro quedara al frente del establecimiento.
“Ella conocía el negocio y había mostrado sus cualidades. No hubo duda. Era pionera”, señala.
Doña Elba recuerda que en los años de mayor auge el café permanecía lleno a todas horas. “Era el sitio donde la gente venía a platicar: hablaban de política, deportes, de todo”.
Hoy, explica, la clientela ha disminuido debido a la competencia, aunque aún recibe visitantes de otras épocas. “Todavía nos visitan clientes de hace muchos años”, comenta.
Sobre los precios, recuerda que el café americano llegó a costar cinco o diez pesos. Con el tiempo se han sumado nuevas preferencias: descafeinado, más cargado o al gusto del cliente.

Durante la pandemia, el negocio enfrentó momentos difíciles. “Fue un bajón, nos pegó a todos, pero seguimos firmes”, señala, al explicar que hoy ajustan horarios según la afluencia de clientes.
Parte de la historia
Para Doña Elba, el Café Moka es parte de la historia del Centro. “Son muchos años, ya ni los cuento”, dice con una sonrisa.
Cada mañana abre el local con el mismo entusiasmo, atendiendo a clientes de ayer y de hoy, convencida de que la tradición continúa mientras el café siga reuniendo a las personas.
Entre esos clientes fieles están Andrés Romero Reyes, aseador de calzado, y Martín Morales Salazar, tapicero, quienes lo frecuentan desde hace décadas. Ambos coinciden en que el Café Moka sigue siendo un lugar para conversar, descansar y compartir historias.

Vengo desde hace más de 20 años. Lo que me llamó la atención fue el rico olor a café. Aquí venimos a platicar de todo”, dice Andrés.
Martín agrega: “Aquí se encuentra paz. Comentamos de política, deportes… aquí arreglábamos el mundo acompañados de un buen café”.

Así, entre recuerdos, conversaciones y el aroma permanente del café recién servido, el Café Moka continúa siendo un pequeño refugio cotidiano que ha acompañado a generaciones de leoneses.
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