Historia 104
Esta es la historia 104 de 450 que te contaremos sobre León
Hoy que León celebra el 85 aniversario del Instituto Lux, cuesta imaginar que hubo un momento en que su historia estuvo a punto de interrumpirse; estuvo a punto de cerrar.
Fundado en 1941, en plena Segunda Guerra Mundial, el colegio nació por iniciativa del obispo Emeterio Valverde y Téllez con el impulso de un grupo de leoneses visionarios: Alfonso Durán, Jesús Ruíz Miranda, Alfonso Carmona, Francisco Verdad Gonzalez, Lorenzo Rodríguez Garza, Salvador y Antonio Durán Miranda, Luis Pons Ponce y José de Jesus López.
Antes de abrir sus puertas, aquel grupo acudió al Santuario de Guadalupe en busca del respaldo de la comunidad jesuita. El sacerdote Salvador Quintero escuchó la inquietud y asumió la responsabilidad del proyecto.
Las inscripciones iniciaron en febrero de 1941, en la finca marcada con el número 322 de la calle 5 de Mayo. Días después empezaron las clases con 80 alumnos. Entre los primeros maestros estuvo el licenciado Enrique Gómez Guerra, quien años más tarde sería alcalde de León.

El crecimiento superó las expectativas. En 1944, el espacio resultó insuficiente y el Patronato del Instituto Lux gestionó ante el gobierno estatal el préstamo de antiguas instalaciones de un centro agrícola experimental en la entonces carretera León-Silao.
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El cambio permitió abrir Secundaria y en 1951, Preparatoria.
Con instalaciones modestas, pero con un proyecto educativo sólido, el Lux llegó a reunir casi dos mil alumnos.
La orden de cerrar
En 1960 llegó a León el jesuita Jorge Vértiz Campero. Traía una encomienda difícil: cerrar el Instituto Lux.

El colegio tenía 19 años de vida, 979 alumnos y 59 maestros en kinder, primaria, secundaria y bachillerato.
Un año antes, la Compañía de Jesús había decidido entregar la institución al Obispado de León. Las razones eran económicas y también de misión: algunos superiores consideraban que la obra debía orientarse a familias de escasos recursos y no a las de mejor nivel económico.
El provincial Luis Mendoza Guízar ofreció el colegio al obispo Manuel Martín del Campo, sin éxito. Pero los leoneses no permanecieron inmóviles.
Padres de familia y benefactores, desde el primer aviso, formaron una comisión encabezada por Adolfo Pons Ponce, y emprendieron una batalla para impedir el cierre.

Ramón Torres Robles, Alfonso Durán Miranda y Adolfo Pons, viajaron a la Ciudad de México para entrevistarse con el Provincial. En noviembre llegaron hasta Roma acompañados por el obispo leonés. Fueron recibidos por el Papa Juan XXIII.
También acudieron ante el general de la Compañía de Jesús, Jean Baptiste Janssens, quien aprobó la permanencia del Lux, pero en manos de otra institución.
La situación es difícil, no tenemos personal… Mientras ustedes encuentran quién se haga cargo del Colegio, les ofrezco no quitarlo”, dijo Janssens, según narra la escritora Valentina Torres Septién en la biografía del padre Vértiz.
Los leoneses regresaron sin una solución definitiva. La orden de cierre seguía vigente.

León lo conquistó
“Yo llegué a León, honradamente por hablador”, diría después el propio Vértiz. En una conversación con el provincial había cuestionado por qué no se resolvía el problema del Lux. La respuesta fue directa: ve a arreglarlo.
Pero la ciudad lo transformó.
El contacto con alumnos, maestros y familias cambió su perspectiva. El sacerdote que venía a cerrar el colegio terminó convencido de que debía salvarlo.
Meses después llegó la confirmación: el Lux continuaría como obra jesuita. Desde ese momento, Vértiz comenzó a planear el futuro.
El colegio necesitaba un edificio moderno y propio. Iniciaba el gobierno estatal de Juan José Torres Landa, y el Patronato mantenía su respaldo.
Vértiz gestionó un donativo gubernamental para que el Patronato comprara el terreno donde se encontraba el plantel. En 1965 comenzaron las demoliciones y la construcción del nuevo edificio en los antiguos campos agrícolas del estado.
Organizó eventos y buscó donativos en León y en la Ciudad de México, “iba y regresaba con recursos para la obra”, relata Jorge Videgaray Verdad, integrante del Patronato Lux -actualmente Patronato Educativo Loyola-.

Eran diez hectáreas. Espacio suficiente para crecer.
En 1968 concluyó su gestión como rector en León, pero su vínculo con el Lux nunca terminó. A nivel nacional desempeñó cargos de promoción y participó en la reestructuración de la Universidad Iberoamericana, fundada en la Ciudad de México en 1948. Concluyó ese encargo en 1975.
Vértiz no olvidó a los leoneses que respaldaron su obra. A la muerte del bienhechor Adolfo Pons Ponce en 1970, impulsó la realización de un busto que fue colocado al centro del edificio principal del nuevo colegio.
Actualmente, el busto del bienhechor del Lux está en manos de la familia Pons.

Otra transformación
Décadas después, el Lux enfrentó un nuevo desafío. Durante el gobierno estatal de Vicente Fox, se proyectó la construcción de un gran centro cultural en los terrenos del colegio para integrarlo al conjunto del Poliforum.

El Patronato, encabezado entonces por Jorge Videgaray Verdad, nieto de uno de los fundadores del colegio, comprendió la dimensión del proyecto y tomó una decisión histórica: vender el predio al gobierno estatal -por alrededor de 60 millones de pesos- y adquirir un nuevo terreno de 10 hectáreas para edificar un Lux moderno.
En 2001 el Instituto cambió de sede y en 2004 iniciaron las obras del Forum Cultural Guanajuato. El antiguo terreno escolar se transformó en espacio cultural.
El padre Vértiz murió en 1997. La avenida donde se construyó el nuevo Lux recibió el nombre de bulevar Jorge Vértiz Campero, como homenaje permanente al sacerdote que no se rindió.

Instituto Lux, hoy
Hoy , el Instituto Lux atiende a cerca de tres mil alumnos, de Maternal a Preparatoria.
Quienes vivieron aquella etapa recuerdan al padre Vértiz no sólo como rector, sino como líder, guía cercano, amigo de familias, hombre decidido y visionario.
“Vino a cerrar y lo convertimos en cómplice para que no sucediera”, resume Jorge Videgaray Verdad.
“Sacaba dinero de todos lados para la obra y nunca dio marcha atrás”, afirma Héctor Rodríguez Aparicio, presidente actual del Patronato Loyola.

Para muchos ex alumnos fue más que un sacerdote: consejero, testigo de bodas, bautizos y graduaciones; su presencia fue constante en la vida cotidiana de las familias.
Hugo Villalobos González comparte que siempre estuvo muy cerca de su familia.
“Frecuentemente cenaba en mi casa y platicábamos hasta bien entrada la noche. Su ejemplo, sencillez, visión y sabiduría aunados a su extraordinario buen humor y gran calidad humana marcaron profundamente mi vida”.

Gerardo Pons Zepeda, hijo de Adolfo Pons Ponce, recuerda:
“Mi papá fue una persona muy cercana a la Compañia de Jesús, le entusiasmaba el espíritu de la Compañìa, los programas educativos.

El padre Vértiz inspiró a Adolfo para que donara el terreno en donde ahora se encuentra el Instituto Jassa, recuerda Gerardo.
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