Historia 106

Esta es la historia 106 de 450 que te contaremos sobre León

Polonia mantiene vivo el recuerdo de León como tierra de acogida de sus niños refugiados en tiempos de la Segunda Guerra Mundial. 

La gratitud de este país europeo que sufrió la devastación material y la muerte de alrededor de tres millones de polacos, durante la guerra, se resalta en libros de historia de Polonia, como un álbum fotográfico que describe el drama de los niños exiliados.

El capítulo dedicado a los pequeños que llegaron a León en dos grupos, en julio y agosto de 1943, contiene fotografías del recibimiento en esta ciudad.

El libro fue editado por la Fundación Tulacze, organización civil de Polonia dedicada a preservar la memoria de los ciudadanos desplazados durante la Segunda Guerra Mundial. 

Esta institución mantiene el vínculo con México y particularmente con León. Su labor consiste en rescatar testimonios, documentar el exilio y honrar a las comunidades que ofrecieron refugio a cientos de niños polacos en 1943. 

El libro escrito en polaco que menciona a León

En esa memoria, León ocupa un lugar especial como tierra solidaria que abrió sus puertas en uno de los momentos más oscuros del siglo XX.  El libro lleva por título: Niños Exiliados y presenta un mapa de México con un punto que marca la ciudad de León.

Portada del Libro Niños Exiliados.

La crónica, escrita en polaco, describe que el alcalde Guillermo Vera, encabezó la bienvenida de la nueva comunidad polaca, acompañado por una orquesta que interpretó los himnos polaco y mexicano.

Llegaron aproximadamente 1,400 personas, en su mayoría mujeres y alrededor de 800 niños de entre 3 y 16 años.  Fueron ubicados en el Rancho Santa Rosa, situado a 6 kilómetros de la ciudad.

La Fundación Tulacze consigna en el testimonio que los nuevos residentes fueron atendidos por el Consejo Polaco, la Conferencia Nacional Católica de Bienestar, el Gobierno Polaco en Londres y las Hermanas Felicianas. 

La crónica, escrita en polaco, describe la llegada de los refugiados.

Muchos de los niños habían estado en Rusia, pasado por Teherán;  hacía tres años que no iban a la escuela. En Santa Rosa iniciaron las clases con los cuadernos apoyados en las piernas y en pasillos de la hacienda. Al poco tiempo ya había aulas e incluso un pequeño hospital.

 El personal era polaco, incluidos los profesores Alfons Jacewicz, Franciszek Sobota y Zofia Orłowska y el padre Józef Jarzębowski.

Scouts en Santa Rosa

Poco después, se formó una tropa de scouts en Santa Rosa. Se organizaron excursiones por algunas partes de México, que, junto con los gastos de escuelas, centros comunitarios y actividades deportivas, fueron cubiertos por el Centro Nacional para la Protección de la Niñez y la Adolescencia. Las primeras empleadas de esta institución fueron Irena Dalgiewicz y la Srta. Eileen Egan (irlandesa). Renata Rączkowska y Helena Sadowska llegaron después.

Las excursiones fueron de gran importancia para el desarrollo de los jóvenes. Conocieron Comanjilla, con sus manantiales de agua mineral radiactiva -según relata el libro polaco-,  y el volcán Paricutín. 

El libro contiene una recopilación fotográfica.

Las impresiones de los estudiantes sobre los viajes quedaron descritas en un diario  publicado en 1944 por el Consejo de la Comunidad Polaca de los Estados Unidos.

La colonia polaca de Santa Rosa comenzó a desmantelarse en julio de 1946, aunque muchos prefirieron continuar en León. Otro grupo se trasladó a un internado para hijos de desplazados en Tlalpan, inaugurado en 1947.

Fueron ubicados en el Rancho Santa Rosa, situado a 6 kilómetros de la ciudad.

En la recopilación fotográfica Tulacze se incluyen anécdotas de polacos que crecieron en Santa Rosa, como la siguiente: Un maestro decidió impartir clase en la azotea de una vivienda, junto a la iglesia del campamento, cuya torre ofrecía sombra contra el sol mexicano. Algunos alumnos comenzaron a lanzar pequeñas piedras hacia abajo.

Como castigo, debieron escribir cincuenta veces: “Un alumno se comporta con delicadeza y no lanza piedras”. El episodio quedó grabado en la memoria de quienes lo vivieron”.

DAR

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