León.- Lorenzo Torres González, un humilde bolero de 96 años, no solo fue testigo de la trágica matanza del 2 de enero de 1946 en la plaza principal de León, sino que también tuvo la fortuna de ser amigo de presidentes de la República, como Adolfo López Mateos, a quien le lustró los zapatos de cortesía porque no traía dinero.
Recuerdo muy bien cuando López Mateos vino a León a inaugurar el emblemático bulevar López Mateos, conocido también como el Eje, un 11 de junio de 1964. Vino al centro y me pidió que le bolera los zapatos, y a la hora de pagar, sucede que no traía dinero, y nadie de su equipo”, relata entre risas Lencho, como lo conocen sus amigos.
Lencho continúa la anécdota: “Así que tomé la decisión de darle una cortesía, cosa que me agradeció mucho y hasta me invitó a que fuera a Los Pinos. Usaba calzado Fanacal, de los más caros”.
81 años de oficio y el orgullo familiar
Lorenzo, quien ahora tiene 96 años, cuenta que tomó el oficio de bolero de su padre. De ahí se ganó la vida y sacó adelante a sus 11 hijos, todos profesionistas.
Nunca pensé dedicarme al oficio de bolero como mi padre, pero le fui tomando cariño, pues de ahí me ganaba la vida y tengo la satisfacción de que mis 11 hijos son profesionistas, con mucho orgullo. Empecé siendo un niño, y llevo 81 años de bolero”, añade con satisfacción.
Recuerda que conoció de niño al que ahora es Arzobispo Emérito de Hermosillo, Sonora, José Ulises Macías Salcedo.
“Lo traía su padre de la mano. Era mi cliente, y era un chico muy inquieto. ¿Quién iba a decir que sería un gran sacerdote? Muy serio, muy inteligente. Seguro que se ha de acordar cuando su padre lo traía al Centro y llegaban a mi negocio para que le aseara el calzado”, añade.
Lencho se casó con su vecina, Juana Delgado Medina, ambos vivían en la calle Mora, en el Coecillo, con quien procreó 11 hijos, todos profesionistas.

El fin de una era: El adiós del bolero
Lencho dice que le hubiera gustado seguir boleando, pero una enfermedad lo hizo perder la vista de un ojo y del otro ve menos. A pesar de esto, sigue al pie de la lucha, aunque ya muy poca gente se bolea los zapatos.
El oficio de boleador, o aseador de calzado, prácticamente ha desaparecido con la llegada del tenis. Desplazaron aquellos hermosos calzados de piel fina y lustrosa, como el Avance, Bacanal, el Montecarlo, el Florsheim, que hicieron historia y dieron prestigio en León”, lamenta.
Añade que, con su oficio tan sencillo, sacó adelante a su familia y conoció un mundo de políticos, deportistas, toreros y artistas.
“León se hizo famoso porque produce calzados de una calidad reconocida mundial, pero el tenis y el calzado chino acabaron hasta con el oficio de bolero. He visto sepultar a 50 de mis amigos boleros. Así es la vida”, concluye.
AAK