León.- En la parroquia del Señor de los Milagros, donde ejerció su ministerio sacerdotal durante 28 años, la grey católica de León dio una emotiva despedida al primer obispo auxiliar de León, monseñor Juan Frausto Pallares, quien falleció el jueves 2 de julio a la edad de 85 años.

Las exequias fueron presididas por el arzobispo de León, Jaime Calderón Calderón, en una misa concelebrada con el padre Eduardo Contreras Gutiérrez, quien fuera compañero de ordenación sacerdotal del padre Juan Frausto hace 58 años, así como con el párroco Juan Manuel Chagolla López.

El Arzobispo destacó que monseñor Juan tuvo una vida entregada a la construcción silenciosa de la Iglesia, especialmente en la formación de los sacerdotes, en la catequesis, en la vida parroquial y en la unidad del presbiterio.

Calderón Calderón destacó que la misión de Juan Frausto “fue custodiar la fe apostólica, sostener la comunión y hacer posible el encuentro con Cristo vivo en una comunidad creyente y esta misión la asumió con fidelidad”.

Juan Frausto fue un servidor de la comunidad, formador de discípulos, acompañante del presbiterio y pastor cercano de la Iglesia de León, dijo el Arzobispo en su mensaje.

En la ceremonia estuvo el secretario de Gobierno de Guanajuato, Jorge Jiménez Lona, así como cerca de medio centenar de sacerdotes y fieles católicos de las parroquias, quienes despidieron al Obispo auxiliar emérito con cánticos, oraciones y una gran ovación al final de la ceremonia religiosa.

Se informó que, una vez terminadas las exequias, el cuerpo de Monseñor sería trasladado a Irapuato, a la comunidad Tomelópez, de donde era originario. Ahí se llevará a cabo otra misa y posteriormente será sepultado en el cementerio Jardín de Los Olivos.

El arzobispo Jaime Calderón recordó que el padre Juan Frausto prestó sus servicios pastorales a la Iglesia de León durante 58 años, en un ministerio que lo llevó por diversos caminos, desde ser vicerrector y prefecto del Seminario, su servicio cercano entre el presbiterio, como rector y párroco del templo del Señor de los Milagros, donde consagró parte de su vida sacerdotal.

En 2005 fue nombrado obispo auxiliar de la Diócesis de León y la ordenación episcopal se llevó a cabo en 2006, sirviendo con discreción, cercanía y sentido de comunión.

“Hoy, habiendo concluido su peregrinación temporal terrenal, le encomendamos al Señor a un sacerdote que se dejó configurar por el ministerio de Cristo Buen Pastor”, señaló Monseñor Calderón Calderón.

En el exterior de la parroquia que él dirigió en su construcción hay una plaza donde se consigna que el 26 de octubre de 1969 llegó la imagen del Señor de los Milagros, traída de la población de Buga, Colombia.

En la misma placa se señala que el 19 de diciembre de 1977 se llevó a cabo la erección como parroquia y el 2 de septiembre de 1979 se colocó la primera piedra de esta parroquia; el 29 de octubre de 1994 se llevó a cabo la bendición de la iglesia y del altar.

El 16 de septiembre de 2001 se llevó a cabo la bendición del atrio, siempre con la dirección y rectoría de Juan Frausto Pallares.

También hay una placa donde se señala que el 28 de enero de 2011 se recibió la visita del nuncio apostólico, representante del Papa, Christophe Pierre, quien dio la bendición apostólica a la parroquia del Señor de los Milagros.

En esa misma parroquia fueron velados los restos mortales de Juan Frausto, donde centenares de fieles católicos fueron a despedirse y a orar por su eterno descanso.

A las 10 de la mañana de este viernes se inició la procesión con la que comenzaron las exequias.

Al centro, frente al altar donde cientos de veces predicó la Palabra del Santo Evangelio, se colocó el ataúd con sus restos y sobre este, la vestimenta que llevó como obispo: la mitra, el báculo, el alba, la estola, la casulla, entre otros.

“La vida de un pastor no consiste en construir algo propio, como lo hizo en esta parroquia monseñor Juan, sino en cooperar con la obra de Dios que edifica su Iglesia; su misión es custodiar la comunión, abrir espacios de pertenencia, en donde todos tenemos cabida porque somos hijos e hijas amados por Dios y que nadie está fuera de su amor y así puede comprender el servicio de monseñor Juan”, dijo el Arzobispo en su mensaje.

En la homilía, el Arzobispo dijo que la resurrección no es la negación del sufrimiento, “sino su transformación en vida definitiva.

“La fe cristiana no nace aislada, sino dentro de la Iglesia; la ausencia de la comunidad debilita la fe, su presencia la sostiene y la abre al encuentro del Resucitado, por eso un fiel creyente que se aparta de la comunidad se debilita y es vulnerable”, señaló.

También dijo que “un sacerdote que se aleja de su comunidad se debilita y se ve ultrajado por la vida; un obispo que se aleja de su comunidad vive en la sociedad y es más vulnerable, porque la comunidad lo sostiene en la fe. Don Juan fue un testigo para fortalecer, para consolar la fe de los más débiles”.

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