Venezuela.- Tres días después del doble terremoto al norte de Venezuela, el Ejército Mexicano logró rescatar a un niño de nueve años, atrapado entre los escombros de un edificio de difícil acceso junto al cuerpo sin vida de su padre. Fue la madrugada del domingo en el barrio de Caraballeda, uno de los más golpeados del estado de La Guaira, el epicentro de la tragedia. Van más de 2,000 muertos y unos 10,000 heridos. Esta es una reconstrucción, con testimonios de los rescatistas, de la secuencia que llevó a salvar la vida del menor, del que se desconoce su nombre, y que, según un análisis médico preliminar, salió con una pierna rota y síntomas severos de deshidratación.

Mientras el grupo del sargento Salinas evaluaba un edificio caído, en la casa de al lado una muchedumbre comenzó a alborotarse: “Ahí hay alguien, se escucha una voz”. Son más o menos las 8:00 de la noche del sábado, tres días después del doble terremoto. El equipo de militares mexicanos del Batallón de Atención a Emergencias (BAE) está a tan solo unos metros y acude de inmediato. El sargento comienza con el protocolo. Primero evalúa la estructura. El inmueble había colapsado por apilamiento, el vocabulario técnico para llamar a los edificios que se derrumban por capas, techo con techo, como un sándwich.

“Vas a escuchar un ruido fuerte, no te espantes”

El propio sargento hace una primera toma de contacto y entra por uno de los agujeros de la mole derrumbada, abierta previamente por voluntarios y otros rescatistas durante los primeros días. Llega el turno del llamado y escucha. Recibe una respuesta suave, una voz de niño. El sargento busca la confirmación. Pregunta si tiene alguna lesión: “No”. Las respuestas son cada vez más débiles. Le dice que esté tranquilo, que van a liberarlo. Sale del agujero e indica al equipo de corte y penetración cómo proceder. Esmeriles, una herramienta eléctrica con forma de disco, para cortar las varillas de acero reformado, el esqueleto oculto de los edificios, martillos para romper el concreto.

Al ser un espacio muy reducido, deciden no usar herramientas con motores de gasolina para evitar el humo. Antes de que el equipo de corte entre en acción, avisan al niño: “Vas a escuchar un ruido fuerte, no te espantes”. Cuando por fin logran atravesar las varillas, se encuentran con algo que no preveían. Un equipo de aire acondicionado les corta el paso. Es peligroso por el riesgo de que el gas provoque un incendio. Consiguen moverlo parcialmente sin romperlo. Aparece una pierna que se mueve. Ya tienen al menor a la vista. Son en torno a las 11:30 de la noche.

Encuentran a menor junto al cuerpo de su padre

El sargento Salinas comunica a su comandante el hallazgo. Cuando el superior da el visto bueno para seguir adelante, el sargento ordena retirar por completo el aire acondicionado con mucho cuidado. Cuando por fin se abre más hueco, el propio sargento entra de nuevo y se encuentra con que el niño está en posición horizontal junto a otro cuerpo. Sus piernas están pegadas a la cabeza de un adulto sin vida. Más tarde confirmarán que se trata del padre. Antes de proceder a sacar al menor, identifican que tiene una pierna atrapada y activan el protocolo de posible riesgo de síndrome por aplastamiento. Es decir, que al extraer el cuerpo, se agraven los daños en la pierna.

Entra en escena el equipo médico. Su dictamen: “La extracción es segura”. Entran con la camilla, de un material flexible para facilitar las maniobras y envolver el cuerpo dentro. Da comienzo la extracción. Las últimas conversaciones con él para mantener el hilo son cada vez más inconexas, más preocupantes. “¿Estás bien?”, y la respuesta es dar un nombre. Colocan al pequeño en la camilla y lo envuelven como en una canoa. El niño cierra por momentos los ojos y relaja la cara. Lleva tres días y medio atrapado sin comer ni beber. Hay riesgo de perderlo en el último momento. “No te duermas, ya estamos aquí”. Los rescatistas tratan de mantenerlo despierto. “¿Vas a la escuela? ¿Cuál es tu color favorito?“.

Pierna rota y severa deshidratación

Son casi las dos de la madrugada. El sargento había pedido a la muchedumbre que aguardaba en la calle que, por favor, no hiciera mucho ruido, y a los periodistas que no usaran el flash. El objetivo es no sobresaltar al superviviente. Nada de eso se cumple mucho. Los rescatistas lo transportan lo más rápido posible a una ambulancia para una primera revisión. Tiene la pierna rota y una severa deshidratación. Han pasado cinco horas desde que inició el rescate.

Al frente del destacamento de rescatistas mexicanos está el general Alejandro García Vargas. Dice que el suyo es un trabajo “arduo, duro y permanente”. Su regimiento, de 280 hombres y mujeres, además de otros 300 miembros de la Cruz Roja, equipos de bomberos y protección civil también a sus órdenes, llegó en una primera tanda apenas 24 horas después de los temblores. Los edificios afectados son más de 800, de los cuales 189 sufrieron un colapso total, según las cifras del Gobierno venezolano. La mayoría son en forma de sándwich, los más complicados, como en el que estaba atrapado el niño de nueve años rescatado la madrugada del domingo.

AM