Con la llegada del verano, los planes para salir de excursión, organizar un día de campo o realizar actividades al aire libre se multiplican.
Con tal de pasarla bien y divertirse se cuidan todos los detalles: horarios, trajes de baño, ropa casual, alimentos, bebidas, protectores solares… Sin embargo, hay algo que jamás cruza por la mente, aunque debiera considerarse con especial atención: ¡la prevención contra las garrapatas!
Sí, leíste bien, esas diminutas criaturas de las que, a veces, ni siquiera nos enteramos de su picadura.
De hecho, algunas veces no causan problema, pero, otras, no son tan inofensivas y pueden provocar severos daños a la salud: artritis, trastornos cardiacos y del sistema nervioso, como encefalitis y meningitis.
“Hay una garrapata chiquita que le dicen pinolillo, que casi no se ve, nada más se siente, y es más probable que si está infectada con la bacteria borrelia burgdoferi nos transmita la enfermedad de Lyme, porque no nos damos cuenta de su presencia”, dice la reumatóloga Cassandra Skinner Taylor.
Añade que el verano es la época que presenta más posibilidades de estar expuesto, porque estos animales pueden adherirse a las personas, mientras éstas caminan entre la hierba alta, los arbustos y el pasto, o si mantienen contacto con perros, venados o conejos.
Actividades como la jardinería, la cacería y el excursionismo también podrían ser un factor de riesgo.
La especialista indica que la enfermedad de Lyme se describió inicialmente en 1975, en Old Lyme, Connecticut -de ahí su nombre-, a raíz de que un grupo de niños y adultos empezó a padecer artritis y la gente se preguntaba por qué, si ese padecimiento no es contagioso.
“Cuando los médicos investigaron la epidemia, se dieron cuenta de que no era artritis, sino que se trataba de una bacteria transmitida por medio de la garrapata.
“Normalmente, los venados de cola blanca son portadores de las formas adultas de las garrapatas, y a partir de ahí se pueden infestar otros mamíferos como ratones, liebres, conejos, perros. Los seres humanos son picados accidentalmente por ellas, porque no es su hábitat original”, explica Skinner Taylor.
Aunque su ciclo de vida es de dos años, cuando la garrapata transmite la bacteria al succionar la sangre humana, después de adherirse a la piel por lo menos durante 24 horas, es posible que la infección se prolongue por mucho más tiempo.
“Los síntomas de la enfermedad de Lyme comienzan días o semanas después de la picadura, y son similares a los de la gripe: dolores generalizados, escalofríos, fiebre, picazón, dolor de cabeza, mareo o desmayo”, enumera la reumatóloga, quien agrega que puede apreciarse una mancha roja plana o ligeramente abultada, con un área clara al centro.
En una segunda fase, tras semanas o meses, podría haber parálisis facial, palpitaciones, dolor muscular, hinchazón en las rodillas y otras articulaciones.
“Después de seis meses de la picadura puede surgir la artritis en diferentes articulaciones. Por lo regular, ahí es donde los reumatólogos empezamos a ver a los pacientes, pero es importante detectar a tiempo el problema para atacarlo con antibióticos y para que la bacteria no se acostumbre al organismo y sobreviva ahí por años, dejando secuelas y males crónicos”, dice la especialista.
Skinner Taylor cuenta de pacientes con lesiones cutáneas, inflamación interna del ojo, daños neurológicos e incluso bloqueos que impiden al corazón latir a su ritmo y provocan desmayos, y quienes después de un amplio interrogatorio refieren que hace años fueron al campo y sintieron el piquete de una garrapata.
“Un bloqueo no es común, a menos de que el corazón tenga un daño, una malformación o sea un adulto que ha sufrido ya un infarto, pero si es una persona joven, de 30, 40 años, sin problemas cardiacos, hay que pensar en un Lyme”.
Esta enfermedad es la más frecuente transmitida por artrópodos, en Estados Unidos, y se creía que en Nuevo León no existía, pero hace 5 años Skinner Taylor y un grupo de trabajo realizaron un estudio en el área metropolitana, además de otro que la Facultad de Ciencias Biológicas de la UANL llevó a cabo en un ejido del sur del Estado.
“Sabíamos que existía la enfermedad, pero no sabíamos qué estaba pasando en nuestra población, y localizamos unos 60 casos en el área metropolitana.
“Yo pensé que tenía que irme a la zona rural, pero no, es gente que en un momento dado ha estado en el campo o se ha expuesto a factores de riesgo. Una de las pacientes era esposa de un cazador que llegaba con los venados y los ponía en el garage, y ella era quien limpiaba, lavaba, y se enfermó”.
Skinner Taylor recuerda a otra paciente de 12 años, cuya última visita al rancho de su abuelito había sido tres o cuatro años atrás, así como algunos veterinarios que se infectaron al atender a algún perro.
“El venado de cola blanca es el típico transmisor, vía la garrapata, pero pueden ser los ratones, los perros, los conejos. De hecho, los perros y los gatos también se infectan, les puede dar artritis o parálisis facial, mientras que los conejos y ratones portadores, no se enferman”.
Para prevenir
-Antes de exponerte a un ambiente silvestre, a campo abierto, utiliza repelente.
-Después de cualquier actividad al aire libre, báñate y revisa la piel.
-Cerciórate de que tus mascotas estén limpias y desparasitadas.
-Para que la infección ocurra, la garrapata debe haberse adherido al cuerpo por más de 24 horas.
-Si detectas su presencia, la retiras con unas pinzas y te bañas, no pasa nada.
-En caso de cualquier síntoma anormal, acude con el infectólogo.
Fuente: Cassandra Skinner Taylor, eumatóloga.