Josefina Vázquez Mota matizó su sonrisa. Ya no sonríe a la primera.
Y si fue la primera mujer en ser postulada por el PAN a la Presidencia de la República, con un estrepitoso tercer lugar que la apartó de la esfera pública durante 16 meses, ahora pretende ser la primera en dirigir al blanquiazul.
Arropada por un grupo de ex gobernadores panistas, Vázquez Mota irrumpe de nuevo para dar la pelea, otra vez, al senador Ernesto Cordero y al actual dirigente, Gustavo Madero, en el entendido de que éste buscará la reelección.
Vista la desastrosa ruta que tomó su campaña en 2012, asegura haber aprendido de los errores que lastraron de manera indefectible su candidatura.
Para la campaña que viene, la dos veces Secretaria de Estado ocupa de manera provisional la casa que en 2000, como Presidente electo ocupó Vicente Fox y que le sirvió para palomear a los que darían cuerpo a su gabinete.
Va a una elección que ya no será resuelta con la intervención de los 400 notables del Consejo Nacional. Ahora votarán los militantes. ¿Está segura de que ya no cometerá los mismos errores?
R.- He aprendido lecciones importantes, y quiero decir lo siguiente: lo primero que espero es la resolución del IFE (para que avale la reforma a los estatutos del PAN).
Lo segundo, es que requerimos garantizar un piso parejo y dar certeza al militante de que va a tener una participación democrática, (pues) sería un contrasentido que en nuestras propias filas se dieran prácticas que hemos rechazado permanentemente, y creo que lo que tenemos que hacer, en todo caso, es impulsar con nuestros militantes el regreso a nuestra misión creadora de instituciones.
Dígame tres lecciones que le haya dejado la campaña.
R.- Tener muy clara la estrategia. Necesito una estrategia contundente y con propósitos suficientemente claros; segundo, construir un equipo poderoso en sus comisiones de trabajo, que permita la inclusión de todos los grupos.
Y lo tercero, estar mucho más cerca de decisiones fundamentales: tener confianza, pero supervisar más. Debo dar más seguimiento al cumplimiento de acuerdos. Una exigencia que es fundamental en la contienda es tener estándares de exigencia muy altos.
P.- Apenas la semana pasada un diputado panista declaró que no votaría por usted porque en la campaña de 2012 le hizo falta ímpetu.
R.- Respeto esta opinión, pero lo que vamos a abonar a este movimiento es el propósito de unidad por México. No seré un factor jamás ni de polarización ni de confrontación, con o sin la candidatura a la presidencia del partido.
¿Y cuál es su agenda para lograr la reconciliación?
R.- Pues la agenda más importante es poner frente a la mirada y la decisión de los militantes, los riesgos que estamos enfrentando como País si no asumimos nuestra tarea histórica: los riesgos de un retorno al autoritarismo, de una agenda débil o vulnerable en rendición de cuentas o transparencia, en la pérdida de oportunidades y de empleos.
Y como está el partido, ¿no es capaz de advertir esos riesgos?
R.- Por la presencia de un grupo como panistas por México (formado por los ex gobernadores y el ex dirigente nacional Luis Felipe Bravo Mena), creo que ha llegado momento de dejar de mirarnos tanto hacia adentro, para volver al encuentro de los ciudadanos; de tomar la determinación de ser el PAN ciudadano que tantas victorias permitió.
Sí creo en el Pacto (por México), somos un movimiento reformista. Somos un movimiento que cree en el diálogo como el instrumento más poderoso para hacer y construir política. Sí a un pacto donde las reformas o los acuerdos que se construyan sean a favor de los mexicanos, del bien común, en el marco de la transparencia y rendición de cuentas, y sean a favor de la inclusión y de la prosperidad; no a aquellas reformas o iniciativas que vayan en un sentido contrario.
¿Le va a ganar otra vez a Cordero?
R.- Estoy haciendo una valoración de panistas por México, porque esto no es un proyecto de orden personal; pero lo que urge al PAN es fortalecerse institucionalmente, y la gran debilidad de México es que tenemos una debilidad institucional.
Y cuando las personas intentan ponerse por encima de las instituciones, siempre nos equivocamos. Por lo tanto, yo no observo esto como el deseo de Josefina Vázquez Mota: no lo acepto ni es ese mi propósito. Estoy aquí porque veo los riesgos de un retorno a un sistema autoritario y a la vulneración de las bases democráticas.