Ningún maestro o instructor tuvo asesoría institucional. De la necesidad y de la frustración construyeron su éxito.
Los niños de comunidades marginadas, considerados estrellas del conocimiento y del deporte, tienen mentores con un denominador común: basan sus triunfos en el esfuerzo solitario dictado por las carencias.
Sergio Zúñiga, el entrenador de los niños descalzos de la región triqui, aprendió cómo entrenar basquetbol cuando estaba de migrante en Estados Unidos.
Le aderezó conocimientos adquiridos en Argentina y Cuba, países que visitó como jugador de baloncesto, y construyó una escuela con 500 niños triquis en las montañas de Oaxaca.
“Qué mejor que un niño indígena nos ponga el ejemplo de que se puede salir de abajo”, dice orgulloso.
Las carencias en las escuelas rurales son el mayor acicate para mentores y alumnos, asegura Eduardo Monroy, instructor en la escuela de Conafe en Chapantongo, Hidalgo.
En este plantel, un niño pastor, Carlos Uribe, sobresalió como estudiante de primaria en 2006 al tener el mayor puntaje nacional en la prueba ENLACE.
Héctor García Bayón, el entrenador de las niñas poblanas campeonas de basquetbol, cree en el esfuerzo y la disciplina porque los apoyos institucionales no le han llegado.
Y Sergio Juárez, el mentor de Paloma Noyola, la niña de Matamoros, Tamaulipas, con mayor puntaje en la prueba ENLACE en 2012, cambió su vida de enseñanza cuando en Google encontró ejemplos a seguir.
Su guía es Sugata Mitra, el profesor de Calcuta, India, quien profesa la “educación mínimamente invasiva”, a quien encontró en internet.
“El objeto de enseñar a un niño es hacerlo capaz de no depender del maestro”, es la frase preferida que abrevó de Mitra.
La puso en práctica para lograr que una de sus alumnas, de una escuela ubicada en la colonia de los pepenadores, sea ahora catalogada como la próxima Steve Jobs.

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