Los empleados de la Administración Portuaria Integral (API) laboran bajo la mirada militar.
Las revisiones de vehículos del personal, contenedores y camiones de carga, se llevan a cabo bajo el máximo control.
Al menos 200 elementos de la Armada estarán adscritos para patrullar las 40 mil hectáreas del recinto portuario, principalmente de sus ingresos, vialidades, así como puntos estratégicos de carga y descarga.
En la Aduana, empleados del Sistema de Administración Tributaria (SAT), que ocupan rayos X y Gamma para los contenedores, revisan cada centímetro de la carga.
La carga sospechosa es apartada de la fila de camiones para una revisión más exhaustiva.
Abajo de la torre de control, donde labora don Jorge, uno de los operadores del tráfico de buques, unos seis marinos resguardan el inmueble.
Con fusiles de asalto, los militares también apoyan al personal de la API en las casetas de vigilancia internas.
Ayer, a este puerto, el más importante en el movimiento de carga en el País, dio cabida a 10 buques de minerales a granel, vehículos, carbón, fertilizantes y fluidos petroleros.
Apoyado de diversas pantallas, el operador se nutre de información relacionada con el arribo de buques, tales como su tonelaje, calado, tipo de carga y tiempos de arribo.
“Los que vienen de Asia llegan primero a Los Ángeles o San Diego, luego a Lázaro Cárdenas y a veces tienen una programación para llegar hasta Panamá, el promedio diario de arribos es de unos 10 diarios, los que salen rápido son los que traen contenedores, tardan unas 12 horas en descargar.
“Los más tardados son los de minerales, fluidos o granos, que llegan a tardar hasta ocho días en la descarga. Tengo ahorita dos buques en espera, dos en camino y seis en descarga, desde aquí se revisan los patios de maniobra y en el clima para informar a los pilotos de los navíos”, comentó el operador, de los tres que trabajan en esta torre de 42 metros de altura.
Todos los arribos de los buques a este puerto son grabados, se indicó.
Ayer fueron fondeados en este recinto portuario, El Pípila, que trajo fluidos para Pemex desde La Paz; el Marine King, con roca fosfórica; el Celerina y el Genco Surprise, ambos con carbón para la CFE; y el Ultra Tronador, con fosfato diamónico, cuyos últimos dos puertos fueron Chile y Colombia.
En tanto siete permanecieron atracadas procedentes de Panamá, Japón, China y Guatemala, para la carga y descarga de varilla, mineral de hierro, fosfato monoamónico, ácido sulfúrico, lámina en rollo, carbón, y miles de contenedores.

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