Luis Villoro Toranzo, el filósofo que nació el 3 de noviembre de 1922 en Barcelona, llegó en la adolescencia a México, fundó el Grupo Hiperión y fue consejero del subcomandante Marcos, falleció ayer a los 91 años.
Se había convertido, según la opinión de Juan Villoro, su hijo, en un equivalente a Fray Bartolomé de las Casas.
“Empezó su trayectoria estudiando a los primeros defensores de los indígenas y tuvo la extraordinaria suerte de terminar su vida convertido en uno de ellos”, dijo.
“Tuvo una conducta de vida impresionantemente ética”, aseguró.
Murió de un paro respiratorio. Tenía un enfisema pulmonar avanzado.
Su esposa Fernanda Navarro lo definió como “un ser extraordinario”. Su muerte fue sorpresiva, incluso a su edad de 91 años.
Hace una semana acudió al ingreso de Juan Villoro a El Colegio Nacional. Ahí prometió acompañar a recoger el Premio Cervantes a Elena Poniatowska, quien ayer dijo: “Lo admiré siempre, era muy cálido, y siempre muy solidario con los indígenas”.
En 1950 Luis Villoro, quien pasó su niñez en Bélgica y ya no pudo regresar a España por la Guerra Civil, se graduó en la UNAM con una tesis que sería una de sus obras más representativas, Los grandes momentos del indigenismo en México. Para entonces ya había fundado con filósofos como Jorge Portilla o Leopoldo Zea, el Grupo Hiperón.
“Era un gran amigo y un gran filósofo, y sus obras son las mejores de México en su campo”, dijo el filósofo y poeta Ramón Xirau ayer.
En 1978, ingresó a El Colegio Nacional. Cuatro años después publicó otro de sus más importantes libros: Creer, saber, conocer.
“En su larga y fecunda vida intelectual -escribió por correo Enrique Krauze-, Luis Villoro tuvo dos grandes pasiones, a un tiempo paralelas y convergentes: la filosofía y la historia. Fue un filósofo social y político, un historiador de las ideas y un filósofo de la historia. Sus libros sobre el proceso ideológico de la Independencia y los grandes momentos del indigenismo en México “publicados hace más de sesenta años- no han perdido vigencia. Tampoco sus tratados filosóficos, en los que se advierte la huella ensayística de Ortega y la solidez de Gaos. Fue, quizá, el miembro más notable del grupo Hiperión”.
Luis Villoro tuvo cuatro hijos, Renata, Carmen, Miguel y Juan. En la última parte de su vida mantuvo una correspondencia pública con el subcomandante Marcos quien, a decir de Juan Villoro, quiso como a otro de sus hijos.
En 2011 el subcomandante Marcos así se despedía de él en una carta: “Vale Don Luis. Salud y que sean vidas las que las muertes nos hereden”.
En las redes sociales, creadores e instituciones culturales manifestaron su pesar por la muerte del filósofo y padre del escritor, ensayista y cronista Juan Villoro, quien apenas la semana pasada había manifestado su beneplácito de ingresar a El Colegio Nacional, donde compartiría la labor con su padre.
“Participo con gran tristeza la muerte de don Luis Villoro, gran pensador mexicano y hombre solidario con muchas y buenas causas”, posteó en Twitter José Ramón Cossío, su compañero en El Colegio Nacional, del que era miembro desde 1978.
En la misma red social, el presidente de Conaculta, Rafael Tovar y de Teresa, lamentó el deceso.
“Murió Luis Villoro, hombre de ideas y convicciones. Amigo respetado con quien compartí experiencias diplomáticas en Francia. Abrazo a Juan”, escribió el funcionario.
Otras instituciones como Educal y Conaculta, publicaciones y escritores como Mauricio Montiel y Frabrizio Mejía Madrid también lamentaron la muerte del filósofo.