Los smartphones se están convirtiendo en las “niñeras de bolsillo” para algunos padres de familia.
Cuando el niño comienza a inquietarse o a llorar, el papá o la mamá le da inmediatamente el teléfono o la tableta para que juegue o vea un video.
La tendencia también es alimentada por los desarrolladores que ofrecen todo tipo de aplicaciones infantiles en el mercado de las Apps (aplicaciones de software que se instala en móviles o tablets para ayudar al usuario en una labor concreta).
Esto preocupa a especialistas, como la Asociación Pediátrica de Japón, donde tienen la intención de hacer un estudio sobre las consecuencias de dar a los niños pequeños acceso desenfrenado a los smartphones.
“El periodo de hasta los 6 años de edad es crucial para formar los cinco sentidos básicos del niño y el uso constante del smartphone puede atrofiar uno o más de ellos”, señala Hiromi Utsumi, presidente de la asociación.
“Además, es malo para las funciones motoras de las manos y la habilidad para escribir. Los gadgets también pueden romper la comunicación entre los padres y sus hijos”.
Y aunque ese país asiático se caracteriza por un importante consumo de la tecnología, el fenómeno de convertir los gadgets en la “niñera de bolsillo” no se limita a su territorio.
Para el pediatra Víctor Mendoza es un hecho que la cantidad de niños de todas las edades que están en contacto con una tableta o smartphone se incrementa exponencialmente día con día.
“Así como hay personas que alaban las destrezas y habilidades que un niño puede adquirir al saber manejar uno de estos aparatos, muchas otras personas se preocupan por las posibles consecuencias que su uso en exceso puede traer en varios aspectos de la salud de los niños”, señala el miembro del Instituto de Pediatría del Centro Médico Zambrano.
“En este punto, la evidencia sólida médica sobre los posibles problemas o ventajas que los gadgets provocan en los niños es muy escasa”.
Esto se debe, explica, a que este fenómeno comenzó hace relativamente poco por lo que deberán pasar algunos años para tener conclusiones más claras o resultados de estudios más concretos.
Por ejemplo, Heather Kirkorian, profesora de la Universidad de Wisconsin, quien investiga la habilidad de los bebés para aprender de videos y medios en pantalla, dijo a The Atlantic que los datos que hasta ahora tienen sugieren que los aparatos pueden contener alguna promesa de valor educacional, pero aún es demasiado pronto para estar seguros.

ZONA DE CONFORT PARA PAPÁS

El pediatra Víctor Mendoza dice que los gadgets proporcionan desventajas para los niños cuando se utilizan como nanas.
“Utilizar el gadget para entretener por un breve periodo de tiempo a los niños está bien, pero no para tomar el lugar de los padres”, explica el pediatra.
Paola Rodríguez, psicoterapeuta de niños y adolescentes, señala que esto sucede porque los miembros de la familia se instalan en una zona de confort donde no se hace un esfuerzo por interactuar. 
“Muy seguramente el hijo prefiere jugar a que le estén regañando sobre la mesa porque está cogiendo los cubiertos y quizá al papá también le resulta confortable que el niño no ponga gorro, que esté entretenido”, continúa.
“Pero, ¿qué está pasando? que ahí se están perdiendo oportunidades para lidiar con el comportamiento del hijo en la mesa, podría ser una anestesia para adormecer un poco una dinámica que se tiene que vivir, como la corrección o como el hablar de algunos temas”.
Para Rodríguez esto representa un riesgo: el de empobrecer o amenazar los vínculos, algo que quizá ahorita no se ve porque queda velado bajo el ‘boom’ del uso de los gadgets.

BAJO SUPERVISIÓN

Antes de poner en las manos de un niño un smartphone o tableta hay que pensar que puede ser una herramienta efectiva, pero sólo si se usa apropiadamente.
El pediatra Víctor Mendoza dice que los gadgets pueden tener ventajas cuando se utilizan para el aprendizaje o el entretenimiento. 
“Los niños bajo una adecuada supervisión pueden sacar provecho y apoyar su proceso de enseñanza-aprendizaje a través de las múltiples aplicaciones existentes como lectores de libros, juegos de agilidad mental, mapas geográficos, traductores”, indica.
“A través de los gadgets los niños usan juegos, ven películas, videos o escuchan música”.
La Asociación Americana de Pediatría recomienda no usar ningún tipo de pantalla en niños menores de 2 años y no más de una a dos horas al día en niños mayores de 2 años.
Michael Rich, director del Centro en Medios y Salud Infantil del Hospital de Niños de Boston, señala que la investigación muestra que a los 30 meses de edad (2 años y medio) el niño está en el umbral para poder aprender efectivamente de las pantallas.
“Si lo introduces en una forma consciente, usando las pantallas para tareas específicas que le hacen bien, no hay razón para temer que se quedará absorbida por ellas y abandonará la lectura, los rompecabezas o el juego imaginario que ahora disfruta”, sugiere en el blog del hospital.
La National Association for the Education of Young Children señala que para saber si es adecuada una tecnología se debe considerar no sólo el tiempo sino el uso.
“El uso pasivo de la tecnología y cualquier tipo de pantalla es un reemplazo inapropiado para el juego activo, la actividad con otros niños y la interacción con adultos”, indica en su guía sobre tecnología y medios interactivos para niños del nacimiento a los 8 años.

Evita remplazar

La tecnología y los medios no deben remplazar actividades como:
– el juego creativo
– la exploración en la vida real
– la actividad física
– las experiencias en el exterior
– la conversación
– las interacciones sociales

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