Los narcotraficantes que operaban el laboratorio clandestino localizado en Silao, escondían la droga terminada en un tinaco bajo tierra, el cual fue localizado por elementos de la Procuraduría General de la República (PGR) y del Ejército Mexicano.
En países como Nicaragua, Bolivia, Colombia y Ecuador, se tienen antecedentes de esta práctica por parte de traficantes para esconder y reguardar la droga.
Uno de los objetivos es que si el narcolaboratorio es detectado por alguna autoridad, puedan escapar rápido sin cargar mercancía y luego regresar por ella una vez que concluya el despliegue policiaco. Regularmente la droga enterrada solamente es detectada con perros adiestrados, como al parecer ocurrió en esta ocasión en la granja del municipio de Silao.
Hasta el viernes, el narcolaboratorio continuaba resguardado por elementos del Octavo Regimiento Blindado de Reconocimiento de la XVI Zona Militar, quienes coadyuvan en la investigación que integra el Ministerio Público de la Federación.
La Procuraduría General de la República no ha informado la cantidad exacta de la droga asegurada, pero se habla de forma extraoficial de uno de los mayores decomisos de los últimos años en el estado, pues se trata de varios kilogramos de cocaína y crystal.
El lugar fue descubierto el martes de manera fortuita, luego de una explosión e incendio en una de las áreas de la finca llamada Rancho El Moro, ubicada en la comunidad Cerro del Diablo, cerca del Aeropuerto Internacional de Guanajuato.
Además de la droga enterrada, fueron localizados decenas de barriles y contenedores con precursores químicos para la elaboración de drogas sintéticas.
Al parecer, un manejo deficiente de los químicos generó el incendio que alertó a las autoridades y que a la postre derivó la localización del laboratorio clandestino.
La gente que se dedica al almacenamiento, tráfico o distribución de drogas, cada vez se las ingenia más para no ser descubiertos.
En países de Sudamérica se han detectado diversos modus opernadi para esconder la droga.
Hay vendedores que utilizan a niños y adolescentes para encubrir la droga, ya sea en zapatos o entre las ropas.
Así también, esconden la droga en recipientes de productos alimenticios o sanitarios, con etiquetas de medicamentos, perfumes, desodorantes, maceteros, cajetillas de cerillos y cigarrillos.
La entierran o la introducen en las copas de árboles, otros la cuelgan en interiores de pozos, letrinas o sumideros, también en partes cóncavas o huecas de muebles de madera, forros tapizados o en sofá, entre otras.

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