De mirada nostálgica y con los ojos cristalizados, William Yarbrough, portero del León, recuerda a Natalia Zambrano, una niña de cuatro años que falleció este domingo victima de cáncer y que era fan del equipo.
La pequeña fue a un entrenamiento a ver a su equipo, era aficionada de corazón, y en ese momento William sintió especial afecto por ella.
“Desde ese día mantuve contacto con su mamá, Natalia me dio la lección de vida más grande que he tenido”, realtó.
Y él no le era indiferente, Natalia siempre se inclinó por dos personas: Gustavo Matosas y el hoy arquero titular.
La pequeñita mantuvo contacto con su ídolo, y eso llenó mucho a Yarbrough.
“Ella me enseñó que yo me preocupaba por cosas muy simples, y que mis quejas simplemente eran absurdas, era una niña de cuatro años luchando por su vida, eso me marcó mucho”.
Para William la historia con Natalia no es tan simple, considera a la niña su ejemplo, y le duele mucho que ya no esté, y como una persona religiosa pide mucho por ella y sus familiares, a quienes también conoce.
No es fácil para él hablar del tema, por un momento se separó del futbolista para ser un humano hablando de un tema tan difícil como la muerte, pero se volvió aún más complicado cuando aceptó que se encariñó con la niña.
“Natalia va a estar en mi corazón por siempre, hay muchas cosas que han marcado mi vida, y te las diría, pero con ella es un antes y un después, ella me enseñó tantas cosas que no podría decírtelas ahora. Aunque ya es un angelito, no deja de doler”.
Para William fue una sorpresa cuando le dieron la noticia, pero está convencido de que todos tenemos un misión en la vida y Natalia cumplió la suya.
“El propósito que ella tenía lo cumplió, y lo cumplió a la perfección, marcó mi vida y unió más que nunca a los suyos”, finalizó.
Le dicen adiós
“Natalia ya es un ángel”, dijo vía twitter Lizzet Zambrano, mamá de la pequeña, a lo que alguien respondió: “Siempre lo fue, sólo que ahora ya tiene alas”.
Ayer se ofició una misa en el templo de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos. El templo estaba lleno, no sólo para despedirla, también para acompañar a su mamá, su tío y sus abuelos.
Todos iban de blanco y con globos del mismo color para honrar a la pequeña, las lágrimas eran inevitables, fue un panorama de meláncolia y dolor, pero también de alivio, porque como dijo Lizzet: “su cuerpo ya estaba cansado”.
En redes sociales existe una convocatoria para recordar a Natalia en el partido del sábado.
Natalia va a estar en mi corazón por siempre, hay muchas cosas que han marcado mi vida, y las diría, pero con ella es un antes y un después.‹‹
William Yarbrough, portero