Según el arquitecto Leonardo Amezcua Ornelas, los arcos del acueducto en Acámbaro son una representación arquitectónica-simbólica del concepto filosófico de una secta en la época Virreinal y promovedora de la Francamasonería.
En él está plasmado un mensaje oculto en las formas de cada uno de los arcos y el cual se traduce como “Gloria a Dios, en el principio, ahora y siempre”.
En un recorrido que el investigador realizó en la mayor parte del acueducto explicó que los vestigios encontrados de este monumento habían pasado desapercibidos desde hace tiempo.
El acueducto se comenzó a construir en 1527 bajo la supervisión del padre Fray Antonio de Bermul; la obra viene desde la serranía de Tócuaro hasta llegar a este humilladero conocido como Pila de la Cruz.
El especialista dijo que de esta obra solamente se había estudiado la parte histórica de manera formal y la parte arquitectónica.
Sin embargo, consideró que hay otra parte que no se había estudiado con el valor que merece.
El acueducto se divide en 2 secciones: la norte y la sur, la división entre ambas está en el arco de San José.
La sección norte está constituida por 16 arcos menores de medio punto; la sección sur tiene 22 arcos de los cuales hay 10 con formas distintas.
Amezca Ornelas explicó que el alfabeto hebreo antiguo está constituido por 22 letras entrelazadas, y según la Francmasonería son el origen de todo lo que existe, haciendo alusión a que pudiera ser esto la explicación del por qué 22 arcos en la sección sur del acueducto antes de concluir en la Pila de la Cruz.
Desde el punto de vista de estos grupos o logias, se considera como la representación del llamado Árbol de la Sabiduría o de la Vida que promovían siempre en sus mensajes ocultos.