La fuga de Joaquín “El Chapo” Guzmán no hubiese sido posible sin una decisión institucional atípica: nunca haber sido cambiado de celda.
Lo anterior, pese a que por rutina los reos de alto perfil periódicamente pasan de una a otra o hasta son trasladados a otro penal.
Un funcionario federal conocedor de la investigación confirmó que desde el 22 de febrero de 2014, en que fue detenido en Mazatlán, hasta el sábado pasado, cuando escapó por un túnel, “El Chapo” siempre estuvo en la celda 20, en el área de Tratamientos Especiales del Penal Federal del Altiplano.
Quien decidió asignarlo y dejarlo todo el tiempo en la misma celda fue el Consejo Técnico Interdisciplinario del penal, un órgano colegiado que aconsejaba al director Valentín Cárdenas recomendaciones para administrar la prisión.
Capos como Alfredo Beltrán Leyva “El Mochomo”, Albino Quintero Meraz “El Beto” o, en el pasado, Osiel Cárdenas Guillén y Benjamín Arellano Félix, eran cambiados de celda dentro de sus penales cada mes o dos meses, informaron personas vinculadas al aparato de reclusión federal.
No sólo eso, después de un año eran cambiados de penal, como incluso ocurrió recientemente con Miguel Treviño Morales “El 40”, considerado el líder máximo de Los Zetas.
Nada de eso ocurrió con Guzmán, cuyo plan de fuga no implicó mayores cambios para sus ingenieros, porque el sitio de su reclusión nunca varió.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *