Los padres suelen tener una costumbre para disciplinar a los hijos. ¿Cómo lo haces tú? ¿Negocias con ellos? (“Si estudias tres horas, entonces vas a poder salir”). ¿Educa con amenazas? (“La próxima vez que me vuelvas a hablar así, vas a ver cómo te va a ir”). ¿Se desespera porque su hijo no presta atención?
La psicoterapeuta Mariana Santamaría, supervisora del Programa La Crianza Práctica de los Hijos, de los estados de Nebraska e Iowa, en Estados Unidos, le sugiere algunas recomendaciones.
Es importante conocer a los hijos, saber cómo actúan, qué les molesta y qué les calma, afirma la psicóloga, para lograr encontrar la mejor manera de actuar ante un comportamiento inadecuado.
“Tengo que hacerle saber a mi hijo que cualquier conducta tiene una consecuencia. Tenemos que dejar de decir a los niños ‘te voy a castigar o te voy a dar un premio’. No. El mundo es de consecuencias negativas o positivas, dependiendo tu comportamiento”, explica la especialista en educación y enseñanza de destrezas sociales en infantes.
En ese sentido, Santamaría recomienda no utilizar el término “castigo” cuando se discipline a un menor, sino “consecuencia”.
Subraya que, antes de acercarse a regañar a los niños con gritos, se debe explorar qué está pasando, preguntar, escuchar la versión de todas las partes involucradas, sobre todo si se tiene más de un hijo, y establecer una consecuencia razonable, la cual debe incluir siempre una enseñanza.
“Las consecuencias deben ser inmediatas, acordes al comportamiento y realistas, para que generen impacto y aprendizaje.
“Si le digo, porque llegste tarde de la escuela, ‘no vas a salir todo el verano’. ¿Estoy siendo realista? Por supuesto que no porque, entonces, ¿yo tampoco voy a salir? O: ‘no ves la tele en un mes’. ¿Nadie la va a ver?”, ejemplifica la también colaboradora del diario Omaha World Herald.
Aconseja acercarse a los hijos con tranquilidad, describir el comportamiento que están realizando, explicar por qué recibirán una consecuencia por ello, detallar en qué consistirá y señalar qué es lo que pueden hacer la próxima vez que se encuentren en esa situación.
Por ejemplo: si sus hijos pelean por el control de la tele y se golpean con él, se acerca, los tranquiliza y explica: “están gritando, le pegaste a tu hermano. No podrán ver la tele el resto del día. La próxima vez que los dos quieran verla, pueden hacerlo por turnos para no pelear”, detalla.
Después, es importante pedir a los hijos que repitan la enseñanza al preguntarles: “¿qué harán la próxima vez?”. La experta asegura que esto es más efectivo que las nalgadas, pues con ellas sólo se crea rencor, frustración y enojo en el niño por no poder defenderse.
Otro aspecto importante es cumplir las consecuencias, ya que algunos padres se arrepientan, refiere, pero sólo así el niño tendrá un verdadero aprendizaje.
La psicoterapeuta apunta que conocer a los hijos, involucrarse en sus actividades y pasar tiempo de calidad con ellos abonará para crear canales de comunicación, los cuales facilitarán hablar en situaciones difíciles.
“Cuando me puedo sentar con mi hijo sin distracciones, sin ver la tele, sin estar texteando en el celular, no importa si es media hora, impacta más en su vida que meterlo a 500 actividades”, destaca.

Disciplina efectiva
Cuando tu hijo presenta un comportamiento inadecuado:

-Mantén la calma. Nunca intentes disciplinar con enojo o desesperación.
-Detén el comportamiento negativo. Busca la atención de los hijos, no puedes hablar si están en caos.
-Describe exactamente qué están haciendo mal. Ejemplo: “En este momento estás gritando y le pegaste a tu hermano”.
-Pregunta qué sucedió y escucha todas las versiones.
-Señala por qué afecta ese comportamiento.
-Indica cuál será la consecuencia por el comportamiento, que sea razonable e inmediata.
-Da una alternativa de cómo comportarse cuando se encuentren en esa situación de nuevo.
-Pide que repitan qué harán la próxima vez. Eso generará una enseñanza.

Tiempo de calidad
Debe incluir:
-Tiempo para hablar. Conocer qué le gusta a mi hijo, cómo se llaman su amigos, a qué juega, cómo interactúa con los demás, cómo se comporta cuando yo no estoy presente.
-Instruir a mi hijo. Tiempo para decirle qué es lo que está bien y qué es lo que está mal. Plantear expectativas claras de qué es lo que yo quiero que mi hijo haga.
-Tiempo para monitorear el progreso de su comportamiento. Si yo veo que mi hijo está teniendo un comportamiento diferente de lo normal, me toca ver y monitorear constantemente qué es lo que está pasando a su alrededor para poder saber cómo puedo cambiar ese comportamiento si no es adecuado.

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