La glorieta ubicada en el bulevar Francisco Villa con Torres Landa se conoce como “Glorieta de la Esperanza”, pues ahí cualquiera sobrevive, dicen.
Tapetes para auto, limpia parabrisas de plástico, mangas para el sol, lechuguillas, pistaches, lo que sea, hasta cañas, se venden en ese lugar.
Para muchos, la situación los “arrimó” a trabajar de ambulantes en las calles de la ciudad, otros más han crecido de esa manera y hay quienes siguen desarrollándose en las calles gracias al ejemplo de trabajo que les inculcan sus padres.
Xóchilt N, tiene 4 niños, es mamá soltera y vende semillas, dijo que llegó a León “porque la trajeron” pero esa glorieta le da para “no morir de hambre”, dijo. Y se toma tan en serio la venta, que en cuanto el semáforo se pone en rojo, ya no hace nada más que acercarse a los autos.
“De las semillas sale, claro que sale. Vivo con mi hermana y con sus niños, rentamos un cuartito en una vecindad que está por el parque Hidalgo. No es que vivamos bien, pero los niños comen. Claro que a veces sólo alcanzan ellos, nosotros no, pero lo importante es que ellos se alimenten”, y se despidió perdiéndose entre los autos.
De ambos lados tanto norte como sur, las glorietas están llenas de personas que trabajan todos los días para sacar “pa’l chivo”, dijo Juan.
“Prefiero limpiar un carro que ponerme a robar”. Y cómo él, al menos 30 personas comienzan antes del mediodía y hasta que está anocheciendo. Trabajan bajo los rayos del sol, pero se esmeran para tener ingresos:
“A los que envidiamos son a ellos (y señalan a los limpiaparabrisas), porque ellos son los que más sacan, aunque todos hacemos la lucha por igual”.

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