El primero de abril de 2026 tuvo lugar un acontecimiento histórico para la exploración espacial. Cuatro personas han emprendido un viaje de casi 400 mil kilómetros hasta la Luna, la rodearán y regresarán a la Tierra en una travesía que tomará alrededor de diez días.

Después de las misiones Apolo en los años sesenta y setenta, no ha habido más viajes tripulados a la Luna. Sin embargo, eso ha cambiado ahora. ¿Por qué es importante esta nueva misión hacia nuestro satélite? El nombre de esta aventura ya nos revela parte de la respuesta.

Apolo y Artemisa eran hermanos gemelos en la mitología griega. Apolo era dios de la luz del Sol y de la música; Artemisa, en cambio, estaba asociada a la Luna y era diosa de la caza. Al nombrar a este nuevo conjunto de misiones destinadas a la exploración lunar como Artemisa (Artemis en inglés), la Agencia Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) no solo ha querido subrayar la relevancia de la participación femenina en esta hazaña humana, sino también señalar la continuidad histórica con el programa Apolo, del que Artemisa es, simbólicamente, su gemela.

Artemisa I fue una misión no tripulada lanzada en 2022, con el propósito de orbitar la Luna y poner a prueba la tecnología necesaria para el futuro regreso de seres humanos. Artemisa II, su sucesora, llevará a cuatro astronautas a sobrevolar nuestro satélite natural: los estadounidenses Gregory Reid Wiseman, Victor Jerome Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen, aportando conocimientos clave para los próximos pasos de la exploración humana más allá de la Tierra.

La tripulación reúne perfiles complementarios. Gregory, comandante de la misión, cuenta con una larga trayectoria como piloto naval y astronauta de la Estación Espacial Internacional. Victor, ingeniero y piloto, será la primera persona afrodescendiente en participar en una misión tripulada alrededor de la Luna. Jeremy, ingeniero y piloto de la Fuerza Aérea de Canadá, representa la cooperación internacional en la exploración espacial y será el primer canadiense en viajar tan lejos de la Tierra. Christina completa este equipo con una sólida experiencia en misiones espaciales y con una presencia que trasciende lo técnico, al convertirse en un referente para niñas y jóvenes interesadas en la ciencia y la tecnología.

La integración de esta tripulación refuerza a la misión Artemisa como símbolo de una exploración espacial más inclusiva y, al mismo tiempo, refleja transformaciones largamente esperadas en nuestras sociedades.

Una vez en el espacio, cuando los astronautas sobrevuelen la Luna a poco menos de 10 mil kilómetros de su superficie, contemplarán la majestuosidad de este cuerpo celeste muy de cerca, distinguiendo cráteres y cordilleras montañosas. La verán de un tamaño comparable a observarla desde la Tierra con un telescopio de 50 aumentos. Cuando sepas que Artemisa II ha despegado, podrías buscar a la Luna en el cielo y observarla tú también; mirarla a simple vista, sabiendo que hay cuatro personas tan cerca de ella, se sentirá de una manera distinta.

Artemisa II nos hace pensar que la exploración espacial debería aspirar a ser, ante todo, una empresa profundamente humana, y envía un mensaje poderoso: el conocimiento, la valentía y la exploración del universo pertenecen a toda la humanidad.

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