Angela Amada Bülle Morales nació el 25 de junio de 1924, en San Francisco, California. Estados Unidos fue su lugar de origen pero nunca lo consideró su patria.
Su nieta Maite Hernández Gómez afirma que las raíces kikapú de su abuela la arraigaron a nuestro país al punto de luchar por una nacionalidad que le fue otorgada al cumplir sesenta años. 
Angelita provenía de viajeros alemanes y daneses que se avecindaron en Sonora y de ahí, de esas tierras “el olor a mar y redes de navíos pesqueros conformaron sus recuerdos de sal y su apego a las olas”, según dice Maite. 
Su primera infancia trascurrió comiendo arepas y bebiendo café en El Salvador, donde su padre, Juan Bülle, montó la primera paletería en Centroamérica. Ahí mismo se inició en el negocio de la molienda de harina.
Siendo aún niña,  Angelita llegó a la Ciudad de México, al lado de su madre y sus dos hermanos, Gloria y Juan Germán. Ahí se convirtió en una hermosa mujer.
Su madre, María Luisa Morales, era originaria de León por lo cual con frecuencia visitaba a su familia, especialmente en navidades.
En alguna larga estancia por esta ciudad la invitaron a ser princesa de las Fiestas de Enero y fue allí donde conoció al que sería su compañero de vida, Everardo Gómez Hernández. María Elena, su suegra, la acogió como una más de sus hijas. 
Con él se casó y tuvo diez hijos de los que vivieron siete: Everardo(+), Angelita, Mara(+), Mauricio, Juan Bernardo, María del Lourdes y Edgardo.  Además fue la amorosa abuela de 22 nietos y 26 bisnietos.
Disfrutaba mucho viajar. Conoció gran parte del mundo. Sus seres queridos la recuerdan como ávida lectora, profunda pensadora y una mujer de los tiempos que le tocó vivir; “Angelita reconocía el desarrollo tecnológico, las transformaciones sociales y las políticas del ser humano”, señala Maite.
También la describe como generosa, altruista y filántropa, especialmente de fundaciones dedicadas a la infancia. “Ayudó en varias aunque a ella no le hubiera gustado que se supiera”.
Coinciden quienes la conocieron en que fue una mujer delicada y prudente que imprimía belleza en su andar, que repartía amor y sonrisas además de que abría a todo mundo las puertas de su casa y su corazón.
Angela Amada falleció este 16 de enero. Sus hijos, nueras, yernos, nietos, nietos políticos y bisnietos agradecen su hermoso legado.

 

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