Seguramente se ha puesto el termómetro para saber con precisión su temperatura corporal y el resultado ha sido 37 ºC, justo a medio grado de la normalidad (36,5º) y de lo anómalo (a partir de 37,5º). El dilema: ¿tengo fiebre o no tengo? Muchos dirán que no, pero otros defenderán que sí, con el argumento de que es una situación extraña para los sujetos de baja temperatura corporal.

El dogma niega que sea fiebre, según el valor establecido a mediados del siglo XIX por el médico Carl Reinhold August Wunderlich. Entonces, ¿qué significa esa cifra? He aquí una guía completa para saber manejarse con los datos del termómetro.

La temperatura corporal normal es de 36 ºC en niños y adultos, aunque no hay que exagerar, pues, dependiendo de algunas variables, “también son normales los valores entre 35º y 37,5º”, como asegura la pediatra Elena Blanco Iglesias.

La variación de la temperatura normal dependerá de cada persona o del momento del día: “A las 6 de la mañana la temperatura está más baja; y, a las 18 horas, alcanza su valor más alto”, explica el médico Raimundo de Andrés. Dicha oscilación viene dada por los ritmos circadianos (el reloj biológico humano, que regula las funciones fisiológicas del organismo). Y por otros factores, como las condiciones climáticas (a más calor, más décimas) o incluso el momento de ovulación de las mujeres, cuya temperatura corporal sube justo después.

Fiebre es 38 ºC (para todos). De 37º a 37,5º aparecen las temidas décimas (febrícula), que nos están alertando de que puede haber algo en el organismo que no funciona bien. Pero ni mucho menos es un calor inequívoco. Los médicos hablan abiertamente de “fiebre” a los 38 ºC. “Y a partir de los 40 ºC, de fiebre alta”, precisa Blanco.

Estos valores son idénticos para todas las personas. ¿Incluidos los niños? “Sí, con independencia de que su temperatura basal (la más baja del cuerpo en reposo) sea de 35,5º o 36º”, subraya el pediatra Roi Piñeiro. “No existen niños de fiebres bajas. Lo que sí existe es la fiebrefobia, un excesivo miedo por parte de los padres antes un mecanismo de defensa normal de nuestro organismo”, insiste.

 

Depende del termómetro

La temperatura varía según dónde se mida. Si el termómetro se coloca en la boca o en el recto, será entre 0.3 y 0.6 grados más alta que tomada en el oído, frente o axila, debido a que “las primeras son cavidades con una elevada irrigación de sangre, que es la que transporta el calor”, indica la farmacéutica Sofía Sbert.

“Además, conviene valorar que las diferentes temperaturas dependen de que se coloque correctamente el termómetro y de las condiciones externas. Por eso, para obtener resultados precisos se recomienda medir la temperatura siempre en el mismo lugar: oído, frente, axila, recto o boca”.

 

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