Con las huellas de batalla intactas, David se siente satisfecho por haber sido Cristo en el Viacrucis.

A sus 50 años, David Olivares representó el viernes, por segunda vez consecutiva, al Cristo del Calvario.

Apenas podía caminar, pues fueron sus pies los que más resintieron todo, pero su espalda también estaba adolorida, pues los azotes le cobraron factura a quien representó a Jesús por más de 20 años en el Centro.

Para David, los golpes más fuertes son los mentales, pues para él la mejor recompensa es siempre ver que la gente se conmueve con el trayecto y se emocione con la representación, lo cual ya no sucede.

“Ves que son los adultos mayores quienes se apasionan. Los chavos ya no lo hacen tanto, ya la religión se está cayendo, pero todos los que participamos aquí estamos orgullosos de formar parte de esto”, dijo.

Las ampollas que le dejó la representación lo atormentaban ayer.

“Ni siquiera me puedo quitar los zapatos de lo mucho que duele”, platicó.

Papá de cuatro hijos residentes americanos que sirven en el ejército de Estados Unidos, contó que sufrió deshidratación en el Viacrucis de 2016.

Este año, David contó que llegó al templo a las siete de la mañana, se puso a orar y le pidió a Dios que le diera fuerza.

“Para mí es un honor ser parte de esto y aunque el párroco me dijo que yo ya se le hacía grande de edad, le dije que todavía aguanto otros cuatro años o los que Dios me permita”, dijo.

En sus manos llevaba orgulloso un periódico de Estados Unidos del año 2000, donde sus paisanos lo reconocieron y se lo mandaron, así como el primer ejemplar donde él salió, de 1998:

“Representar a Cristo claro que duele, los azotes son de verdad, el dolor se puede apreciar, y uno no lo hace por salir en el periódico, pero a veces es bonito cuando la gente reconoce que una labor muy difícil y que es un trabajo muy grande que debe hacerse en equipo. Ser Cristo ha sido el honor de mi vida”, concluyó.

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