Saludo a todos los lectores de estas líneas que tienen la intención de recordar -hasta donde es posible, claro-, los nombres de las personas, familiares, conocidos, etc., que este año partieron, ya, a su destino final, en posesión de Dios, no importando el nombre que se le otorgue en las religiones o comunidades de creyentes pero en las que todos tenemos puesta la confianza, seguridad –fe- de que se encuentran totalizados, inmersos en y con él, para toda la eternidad, en una felicidad general que nosotros, mortales al fin, no alcanzamos a vislumbrar todavía.
Es importante no olvidar que fuimos creados, es decir, no nacimos por generación espontánea, lo que significa que existe algo, alguien, o un ser ‘creador’ del universo superior a nosotros que tiene el poder para otorgar la vida y, por lo mismo, somos hijos de él, el que, cuando hayamos completado nuestro ciclo en esta vida temporal, regresaremos a sus brazos, como hijos suyos y amados como obra que somos, para toda la vida.
Desde que partieron ‘no hemos tenido luz de luna’, reza el enunciado de estas líneas y es verdad puesto que como parte de la humanidad con la que fuimos revestidos por nuestro Creador se encuentran, la alegría, el dolor y todas las emociones y vivencias sensibles propias que nos hacen ser eso, mortales, es decir, seres que tenemos conciencia de que tenemos un fin por medio de una palabra, ‘muerte’, que a muchos nos asusta pero que en realidad significa el inicio de una vida eterna, feliz, perpetua, unidos con nuestro creador y los que partieron y están con él, luego de haber caminado, como decimos, ‘por este valle de lágrimas’, lo que nos hará, igual que lo hicieron los que nos precedieron en ese viaje, trabajar con nuestra vida en el plan de ese creador, Dios, que trazó para cada uno de nosotros -con la libertad otorgada a cada uno-, realizar las obras en nuestro medio de influencia tales que merezcamos regresar a su seno con nuestra canasta llena de obras buenas según los talentos que nos otorgó a cada uno para cumplir -creo, estoy seguro-, de hacer el bien en esta tierra y trascender para dejar huella en beneficio del medio que habitamos y en el que influimos.
No hemos tenido ‘luz de luna’ y es cierto porque Dios nos otorgó, además de otras cualidades sensoriales, el de amar a quienes nos rodean y condolernos con sus partidas hacia él, luego de haber llenado su canasta cada uno en este mundo. Y, con su partida, perdimos una luz -¿la de la luna?-, la que nos alumbraba poderosamente; la del ser querido que al abandonarnos temporalmente, apagó esa luz que transitoriamente nos dejó ciegos, tristes, dolidos y descentrados.
Arcelia, mi hermana y yo recopilamos esta larga relación de personas que se desprendieron temporalmente de nosotros y que ya están lejos físicamente, pero mucha más cerca de nuestro corazón.
Termino. Buen año lleno de Dios y de todo lo que necesiten para su vida familiar.