Para dimensionar la guerra, basta pensar en 55 millones de italianos encerrados en casa. 

El mundo entra a una guerra mundial que por fortuna no es entre países, sino de la humanidad contra una pandemia. En 60 días enfrentamos algo que nunca se vio venir y que juzgamos, equivocadamente, como una infección limitada a China y a otros países asiáticos. 

De Wuhan en China, donde todos los ojos estaban puestos, pasamos a Italia en donde la virulencia asombra y la tasa de mortalidad duplica la del país asiático.

Ahora Asia cuida sus fronteras porque el Covid-19 regresa desde Europa. 
A México llega sin estar preparados. Un video difundido por Isabel Lascurain del grupo Pandora, desde el Aeropuerto Internacional Benito Juárez pone la alarma: en Guatemala se verifica la temperatura y revisan a todos los pasajeros que llegan mientras en México seguimos en la negación total. Una denuncia valiente y útil que puede salvar miles de vidas. 

Italia está cerrada al comercio y sólo los supermercados, las farmacias y algunos servicios como el reparto de comida y víveres, estarán abiertos.

Las fotografías de Milán y de otras ciudades parecen el escenario ideal para filmar una película de ciencia ficción. Desoladas, despobladas y con los comercios cerrados en lo que antes eran avenidas con cafetines al aire libre, hoy son una zona de guerra. 

La bomba de neutrones, aquella que aniquilaba a la gente pero dejaba en pie los edificios podría servir de guion para una película de terror. El primer ministro, Giuseppe Conte, ordenó la cuarentena nacional. La mayoría de los 60 millones de ciudadanos permanecerán en casa, encerrados por al menos dos semanas para tratar de parar de tajo la enfermedad. 

La alarma en Italia surgió porque su tasa de mortalidad llegó al 7% de los infectados, justo el doble que en China. Incluso superó a Irán, que mantiene un 4% de fatalidades. 

En Alemania, la primer ministra, Angela Merkel, dice que el contagio podría llegar al 70% de la población si no se toman las medidas necesarias.

Imaginar a 58 millones (de los 83 que tiene) de alemanes enfermos sería catastrófico para el mundo. Por fortuna China muestra que una férrea disciplina sin concesiones puede controlar el mal. El número de casos nuevos desciende y el de muertos también.  

Países con sistemas de salud desarrollados como Corea del Sur, Alemania, Singapur o Suiza, tienen menos mortalidad. Ninguna nación del tercer mundo sufre el ataque todavía. El temor mayor es la India, que sólo reportó hasta ayer 60 casos sin muertos. Indonesia y Filipinas no resienten aún al virus aunque tienen grandes poblaciones.

En México el peligro crece cada día. En Querétaro se detecta el primer caso en un español que vino de visita familiar. En Puebla, un alemán dio capacitación en la Volkswagen a personal local y a guanajuatenses. Desde hoy se debe seguir el paso de cada uno de ellos y de las personas que estuvieron cerca. 

No sabemos si la Secretaría de Salud ya comenzó la búsqueda y si tenga los elementos necesarios para realizar las pruebas.

Por si fuera poco, tendremos otra guerra además de la que sostiene el estado contra el crimen organizado. Con los servicios públicos de salud federal y el Seguro Social hasta el tope, la expansión del Covid-19 traería miles de muertes. 

Urge traer a Juan Ramón de la Fuente de Nueva York, a Julio Frenk de Miami y a José Ángel Córdova, asistidos por Alejandro Macías, el gran leonés experto en infecciones. Ya todos los especialistas debieran estar reunidos con un plan estratégico para enfrentar la pandemia. Urge. 

Confieso que nunca imaginé la potencia de la enfermedad. Esta es la primera guerra mundial del siglo XXI. La humanidad tiene que ganarla pronto. México no puede salir derrotado.
 

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