Me puse a recordar como ya muy perdido en mi mente, porqué a los compañeros de la escuela, de trabajo, o vecinos que tenían ciertos rasgos orientales les ponían por apodo “El Toshiro” o simplemente “Toshiro”; y ya así se les quedaba.

Estaba en la escuela primaria y allí en diversos grados había dos; luego en los talleres y fábricas de calzado de por allí en las Colonias Industrial y Bellavista, tales como los de Don Juan y Don Guadalupe Amézquita, Calzado Gogarey y Calzado Travieso, había otros dos; y por la Colonia Piletas, rumbo a San Juan Bosco, pasando el Pocito de Agua, había otro con esos rasgos japoneses y le gritaban “¡Adiós Toshiro!”, cuando bajaba caminando por la calle Valverde y Tellez.

Resulta que por esos años de 1962-1963, se había exhibido la película “Ánimas Trujano”, a la cual se le dio mucha publicidad cuando se estrenó, no recuerdo si en el cine Hernán o en el cine León (seguramente el Maestro Juan Carlos Porras, Editor fundador del “Grupo Ochocientos”, historiador sobre los Cines en León, podría decírnoslo), y se anunciaba como una película propuesta para obtener varios premios internacionales, como el Globo de Oro y creo hasta de un Oscar; pero no los ganó. Hubo muchas cartulinas y volantes por la ciudad promoviéndola. 

En esa película actuaba como estrella principal el actor Toshiro Mifune considerado Japonés, aunque nacido en China, pues sus padres eran japoneses. A los veinte años de edad adoptó la ciudadanía japonesa y hasta sirvió en la Armada Imperial del país del Sol Naciente en la Segunda Guerra Mundial. Allí, ya como actor, hizo mancuerna con el máximo exponente del cine japonés Akira Kurozawa, quien lo dirigió en películas como Rashomon, Los Siete Samuráis y Trono de Sangre.

Debido al éxito de la película, se popularizó el nombre del actor Toshiro Mifune en un papel increíble de indígena zapoteco de un pueblo de Oaxaca, alternando con los actores mexicanos Antonio Aguilar, Columba Domínguez, Flor Silvestre y David Reynoso, entre otros. Ánimas Trujano era un indio irresponsable, borracho, mantenido, arisco y violento que aspiraba a un cargo político en su pueblo.

De allí que a algunos con rasgos asiáticos les dijeran “Toshiro”. Su paso por México a instancias del Director Ismael Rodríguez fue efímero, él continuó su carrera cinematográfica, hasta su muerte en 1997.

Finalmente, como todo, pasó la moda y euforia de esa película, aunque periódicamente se volviera a exhibir; poco a poco, en los múltiples llamados “cinitos de barrio”, como los que había por toda la ciudad, en el Coecillo, San Miguel, el Barrio Arriba, en la Industrial, Piletas y Bellavista; de tal manera que casi toda la población de la época la pudo ver. Por ello, aún a través de los años, algunos ostentan el sobrenombre que les endilgaron en esa época y claro, también sus rasgos japoneses. Los amables lectores tendrán algún amigo o conocido que aún conserve este apodo?

 

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