La flamante titular de nuestra Secretaría de Educación Pública, Leticia Ramírez Amaya, estudió antropología en la ENAH (Escuela Nacional de Antropología e Historia) y posterior a sus estudios se colocó como maestra de primaria, trabajo que dejó para acompañar al entonces jefe de Gobierno de la CDMX y ahora Presidente López Obrador como encargada de gestión ciudadana.

Está Leticia Ramírez siendo premiada con el cargo, no por su prestigio académico, ni por su capacidad, sino por su cercanía -que se traduce en incondicionalidad- al Presidente. El anterior comentario no es ni pretende ser un insulto o crítica a la flamante Secretaria, sino que conforma meramente un diagnóstico objetivo del nombramiento. Mismo que pinta en toda su dimensión la mediocridad de la 4T en casi todo lo que emprende.

En las últimas dos décadas no ha tenido Leticia Ramírez NADA que ver con el magisterio, de manera que no está ni remotamente preparada para enfrentar los enormes retos de la educación en México desde la titularidad de la SEP.

Dependiendo de quién haga las cuentas existen HOY, hoy, hoy, alrededor de 230 mil escuelas CERRADAS o en abandono en México, mismas que funcionaban prepandemia, pero que no han sido puestas en marcha nuevamente. Lo anterior por desidia o por incapacidad -o ambas-, dando igual la causa, pues lo que alarma son las consecuencias del colapso de nuestro sistema educativo frente a los de nuestros principales competidores por los mercados globales.

Si el propósito de la 4T es convertir a México en un País de impreparados lo está logrando de manera espectacular. A consecuencia de la mediocridad del actual Gobierno la MATRÍCULA de estudiantes en preescolar se ha caído un TRECE POR ciento y las escuelas de nivel medio superior han perdido a más de 360 mil estudiantes.

Inicia ya en México el ciclo escolar y ni ésta, ni la anterior Secretaria de Educación, han formulado algún PLAN educativo concreto. Nada de nada más que rollo y más rollo.

El puesto que en el pasado han ocupado personajes de relieve en nuestra vida nacional como José Vasconcelos, Jaime Torres Bodet, Plutarco Elías Calles, Víctor Bravo Ahuja, Fernando Solana Morales, Ernesto Zedillo y el propio Porfirio Muñoz Ledo, está hoy muy devaluado ya en relación al perfil, méritos y reconocimiento de su titular en comparación a sus antecesores.

Quizá no deba sorprendernos esto, ya que, como hemos visto y atestiguado, la 4T tiende a devaluar casi todo y no le piensa dos veces para poner a un agrónomo a dirigir el monopolio petrolero para luego preguntarse por qué las calificadoras degradan nuestras perspectivas financieras y por qué PEMEX no logra alcanzar -ni de lejos- las modestas metas de producción que ellos mismos se fijaron al tomar posesión.

El no darle la importancia debida a las tareas de Gobierno es lo que nos conduce a actitudes incomprensibles frente al desastre. Por ejemplo, los acontecimientos de la semana pasada de guerra en las calles de Jalisco, Michoacán y Ciudad Juárez.

Minimizan con descaro y desdén nuestras autoridades el problemón de la violencia desbordante, los MUERTOS y el daño a la propiedad privada (ya van como 30 tiendas de conveniencia incendiadas y destruidas, más cientos de vehículos privados y de servicio público).

Ante este desastre, que pinta con una nitidez espeluznante la situación de inseguridad por la que atraviesa México, en lugar de dimensionar este fenómeno en términos HUMANOS, SOCIALES y ECONÓMICOS, lo utilizan políticamente para justificar los devaneos presidenciales de por qué la Guardia Civil debe de estar en manos del Ejército. (Lo cual -como hemos dicho- resulta inconstitucional). Ello, siendo que toda esta violencia se desató casi de manera simultánea en TRES diferentes zonas del País prácticamente frente al Ejército.

Nuestras ciudades incendiadas y los muertos derivados de esta violencia resultan intolerables para la sociedad, para los ciudadanos. No es normal, ni aceptable, mucho menos justificable, encogerse de hombros y recitar un catálogo de pretextos gastados: que es una pugna entre dos grupos, que son ajustes de cuentas, que el sereno… Simplemente, ¡no hay pretexto que valga!

Le hubiese costado exactamente el mismo esfuerzo al Presidente designar a una persona con experiencia y conocimientos para la Secretaría de Educación que poner a la más cercana y obediente.

De la misma manera, por el BIEN DE MÉXICO, este Gobierno tiene que reconocer que sus “estrategias” para reducir la violencia, los programas sociales, los abrazos, las mamacitas de los delincuentes, etcétera, no han rendido NINGÚN FRUTO. La inseguridad y la violencia no se han reducido ni por el grueso de un pelo de elote. ¡Estamos peor que nunca!

Y así estaremos en Educación, lo cual conforma el futuro de nuestras generaciones venideras de seguir este Gobierno priorizando la obediencia al Presidente por encima de la capacidad para desempeñar el cargo.

 

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