Los riesgos de salud en el sitio de trabajo, son aquellos que pueden ocurrir cuando el ambiente laboral provoca algún tipo de lesión, enfermedad o incluso el deceso del trabajador, siendo resultado de multitud de variables relacionadas al trabajo, que incluyen el equipamiento, materiales peligrosos, prácticas inseguras y el propio comportamiento del empleado.

Las cifras son impresionantes: anualmente los accidentes y enfermedades relacionados con la actividad laboral causan dos millones de muertes y tienen un costo estimado para la economía global de 1.25 billones de dólares.

Estos riesgos de alto impacto podemos englobarlos de manera general, en seis vertientes: 

1) Las amenazas a la seguridad, las cuales pueden afectar a cualquier trabajador, como son los resbalones o caídas, los relacionados a la operación de maquinaria pesada y peligrosa o los riesgos de electrocución.

2) Los riesgos biológicos, que son en extremo peligrosos, pues van desde la exposición a sustancias o enfermedades, siendo los trabajadores de la salud grandes exponentes de estos riesgos.

3) Las amenazas físicas, que suelen afectar a quienes trabajan en condiciones extremas de clima, ruido continuo o radiación.

4) Los riesgos ergonómicos, que son los relacionados a una presión corporal mayor a la habitual, que incluyen el estar sentado o de pie por mucho tiempo, problemas posturales, actividades repetidas que generan daño articular o levantamiento de artículos de alto peso.

5) Los riesgos químicos, por exposición a líquidos peligrosos, solventes o productos inflamables, que pueden expresarse desde manifestaciones leves como irritación cutánea, hasta problemas respiratorios severos o incluso la muerte. 

6) Los problemas relacionados a estrés, violencia o agresión, generados en gran parte por condiciones de clima laboral adverso.

El impacto del riesgo laboral es mayúsculo, puesto que afecta de manera directa a la competitividad de las empresas y obviamente de las naciones o regiones que las contienen y de igual manera provoca retiros laborales prematuros generados por discapacidad, lo cual disminuye la vida productiva promedio, además de generar presión al sistema de pensiones o equivalente. Así mismo, al producirse un riesgo laboral o un accidente de trabajo, se tiene como consecuencia el ausentismo, que además de mermar la capacidad funcional de las empresas, añade sobrecarga a los trabajadores que se mantienen en operativo. De igual manera, los riesgos o accidentes de trabajo causan desempleo o subempleo, puesto que hay multitud de trabajadores que han quedado con algún tipo de impedimento o limitación que no califica para una discapacidad o pensión definitiva y que les impide aplicar o ejercer nuevas actividades o ser sujetos a nuevos trabajos.

Por último, todas estas variables impactan en la generación de mayor pobreza, puesto que un trabajador lesionado, incapacitado o pensionado, genera un ingreso mucho menor para su núcleo familiar y en varias ocasiones ocurre el hecho de que otros miembros de la familia habrán de reducir su capacidad productiva para poder atender a dicha persona que se encuentra con esta alteración a la salud.

Por lo anterior es que debe darse la visibilidad adecuada a este tema de salud pública, atendiendo las causas raíz del problema que en multitud de sitios se relacionan con la falta de capacitación y puesta en alerta de los trabajadores sobre los riesgos inherentes a su actividad, una falta de preparación, uso y mantenimiento del equipo y tecnología utilizada, procedimientos para el reporte y atención de fallas y problemas y mala comunicación entre trabajadores y supervisores (en especial al estar bajo condiciones de riesgo). 

La creación de un ambiente positivo de seguridad laboral es menester en las empresas, para subir a los colaboradores a ese proyecto de salud ocupacional y de igual manera ese ambiente debe permitir a los trabajadores expresar sus preocupaciones y necesidades, sin temor a “meterse en problemas”.

No es una labor sencilla para los empleadores, sistemas de salud, organizaciones empresariales y tampoco para los trabajadores, pero hemos de poner manos a la obra para dar garantía de seguridad y bienestar para la fuerza laboral de nuestra región, pues es menester y un derecho. Es tiempo.

(Dr. Juan Manuel Cisneros Carrasco. Médico Patólogo Clínico. Especialista en Medicina de Laboratorio y Medicina Transfusional, profesor universitario y promotor de la donación voluntaria de sangre)   

 

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