Ejercitarse corporal y callejeramente antes de arribar el alba es una dicha que raya lo inconmensurable. Las frescas condiciones atmosféricas, las penumbras de fuentes lumínicas naturales o artificiales, los dulces trinos amanecientes de las aves canoras, la prisa que se dan los roedores para encontrar su resguardo ante la inminente llegada de lo diurno y la muy disfrutable carencia temporal del fragor urbano, forjan el dulce encanto de andar, siempre que así se anhele, hacia el encuentro preambular de un nuevo día.
Entre tenues luces cósmicas, alumbrado público, arbotantes caseros, iluminaciones festivas, calles, camellones y jardines arbolados se advierten dos diferentes maneras de apreciar los senderos por rutina preferidos en un inicio de día. La primera, sobre el oscuro piso gris del andante sólo se perciben sombras de frondas vegetales, de múltiples cables eléctricos, de aves que se posan de forma ocasional sobre las líneas de energía, de muros estáticos vecinos y hasta de fugases pájaros que, volando, dibujan sobre los pavimentos hidráulicos o asfálticos sus imágenes de forma sólo instantánea. Todo lo anotado acontece sobre cualquier calle urbana que simula una especie de negativo difuso entre la gran variedad tonal de grises que, por momentos, mueve el pensamiento del paseante y a su propia sombra hasta el límite de una dulce y meditativa lobreguez. Otra cara de la moneda se encuentra más allá de las estaturas humanas: las luminarias públicas derraman su luz sobre los ramajes altos de los árboles haciendo contrastar la policromía de sus hojas con la obscura visión del firmamento o creando hendiduras contrastantes de su luz sobre el piso transitado desde una quieta y temprana hora.
Entendiendo que existen tiempos para el desarrollo particular o colectivo del pensamiento, sé que es bueno partir de que el ensimismamiento constructivo mueve al crecimiento individual y que lo colectivo se identifica al lado de lo social. Y es de entender que ambos, tienen sus momentos y sus lugares. Despertar temprana y apaciblemente en la vida diaria para pensar en sí y por sí mismo, va con lo personal; y tratar de estar inmiscuido dentro de la maraña que envuelve al bullicio comunal en un caluroso medio día, irá dentro de lo social. Y bueno, por principio, déjeme recomendar, estimado lector, no descuidar el prioritario ejercicio matutino y particular para, después, ganar espacios dentro del corazón mismo de lo colectivo.
Comentarios a: [email protected]