Nuestra humana membrana epitelial a lo largo de la vida va registrando edades y vicisitudes que la pliegan, dando una consecuente información de los avatares hallados sobre el camino de lo andado. Irene Vallejo, autora del libro titulado: “El infinito en un junco”, establece en su obra que la piel personal es sólo una hoja del largo libro que es el cuerpo; dice que, con el paso de los años, las cicatrices, las arrugas, las manchas y las ramificaciones varicosas trazan las sílabas que relatan una vida. Irene Vallejo, en su escrito, cita también un pequeño renglón triste e inolvidable de la poeta Anna Ajmátova, que dice: “Ahora sé cómo traza el dolor rudas páginas cuneiformes en las mejillas”.

Cierto es que en esta conocida superficie planetaria nada parece ser eterno. Moramos entre insectos que llegan a tener vitalidad por sólo las escasas horas de un día; nos damos cuenta de grandes peñascos que, por erosión, caen de una montaña para convertirse en arenilla y más tarde, seguramente, mezclarse al polvo cósmico. Y si bien, como lo dice Irene Vallejo, nuestra especie soporta mutaciones físicas de obvia notoriedad en el curso de su vida, vale la pena reflexionar sobre la dignificación de su paso, para no extraviarnos a deshora como cenizas en la obscuridad espacial del universo. 

¡Al mal tiempo, buena cara! La expresión se constituyó en un dicho popular que se manifiesta cuando las cosas se nos complican y cuando lo más conveniente es enfrentarlas con la mejor actitud posible. Hasta ahora la novedad de echar mano sobre la resiliencia ha tenido efecto para no afectarnos ante acontecimientos traumáticos. El detalle funciona y funciona bien… tanto como las ya conocidas “buenas vibras”. Sin embargo, también, leyendo “El infinito en un junco”, nos percatamos de que la imagen personal confiesa, en una buena medida, que la inadecuada conducta crea ranuras cutáneas que, como sinuosidades en lo facial, permiten observar principalmente la penuria del ente al que se urde en el ambiente literario. Y bien, si podemos no dar motivo a que aparezca una nueva canal lacerante del rostro, su frescura nos podrá dar un día nítido antes de entrar en ese espacio final en lo sideral.

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