La escritura narrativa, como labor exclusiva del humano, se generó entre dos cúmulosos tópicos   ya de por sí conocidos en el ambiente de lo oral: el de lo real y el de la ficción. Leer las dos obras insignes de Homero: la Odisea y la Ilíada, son una prueba, según expertos, irrefutable de lo que aquí se postula. Sin lugar a duda Homero manejó con maestría en sus escritos los espacios y sucesos temporales sabidos de sus tiempos, pero también entre las páginas de su autoría, fantaseo con los decires populares de cercanos juglares, pregoneros o aedos, claro, sin dejar de incluir en su redacción lo muy respetado de la mitología en boga.

Desde aquellos vetustos tiempos en los que la literatura abría sus propios caminos y, hasta ahora, lo que es irrefutablemente cierto es que tanto lo oído como lo leído no navegaban ni navegarán sobre los mares de la estricta veracidad. Por ejemplo, careciendo de constancias sobre las hojas escritas, las personas que registran verdades o falsedades tienen el genio de oscurecer la gramática frente a los ávidos y curiosos leyentes. William Faulkner en el sugestivo título de su libro “De esta tierra y más allá” se da libertades escritas dignas de admiración; anota, por ejemplo: “Luego me dijo un día, cuando yo era bastante mayor para entender, cómo no hay nada en el mundo sino vivir, estar vivo, saber que uno esta vivo. Y tener miedo es saber que uno está vivo; si se hace eso de que uno tiene miedo, entonces se vive. Dice que es mejor incluso tener miedo que estar muerto.” […] “Era como si supiera que ella sabía; que ella sabía que él sabía que ella sabía.”.       

El separar nuestros andares diarios de las estrictas verdades tiene el dulce encanto de morar bajo la sombra de la anhelación. Sucede, por ejemplo, que el conversar con un simpático y conocido mentirosillo basta y sobra para viajar por encima de las vicisitudes del diario acontecer. Con frecuencia, así pues, me atrevo a asegurar que las artes después de haber dominado su realismo, tuvieron que migrar al libre tráfico de las múltiples formas de expresión sin cortapisa alguna para acercarse a los detalles etéreos que, por supuesto, abundan en las vecindades de la mente humana.

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