Cuando gobierna el crimen organizado, es la destrucción del Estado”.
Carlos Manzo
A Uruapan y a Michoacán les mataron la esperanza de contar con un líder que luchaba por la paz de su tierra. Carlos Manzo había expuesto las miserias de vivir bajo el yugo del crimen organizado. Clamaba a la presidenta, Claudia Sheinbaum, y al secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, y pedía al gobernador, Alfredo Ramírez Bedolla, que le ayudaran.
Parecía estar en el desierto porque su pueblo vivía aterrado ante la extorsión, las desapariciones forzadas y los asesinatos. Alcalde que ganó la elección como candidato independiente, no le debía nada a ningún partido. Su presencia creció en la opinión pública nacional por su valor.
Supo que le podía costar la vida tratar de mantener a raya a los criminales; por eso pedía protección, no solo para él, sino también para todos quienes le ayudaban en el municipio. La tragedia llegó en su momento de mayor popularidad, cuando departía con la gente en una fiesta llena de velas y motivos alegóricos al Día de los Muertos. Varias instantáneas se reprodujeron por cientos de miles en redes sociales cuando abrazaba a niños, entre ellas una en la que él miraba al cielo, como una estampa de esperanza de un futuro mejor.
Por los cientos de opiniones que leemos, parece que el país entrará en un punto de inflexión. Un momento de nuestra historia en el que alcanzamos plena conciencia del daño que causó la nefasta política de “abrazos y no balazos” del expresidente Andrés Manuel López Obrador, con 200 mil homicidios dolosos y 70 mil desaparecidos. Confundía a los ciudadanos cuando viajaba a Badiraguato, en Sinaloa, y convivía con familiares del líder del mayor cártel de la historia. Cuando calificaba de “buena” la participación de los narcos en las elecciones.
A México le está sobrando mal gobierno y le falta valor ciudadano, como el de Carlos Manzo. Hace muchos años no habíamos sentido la tragedia tan cerca ni el coraje y el dolor tan profundos. No solo por la irreparable pérdida de un héroe, sino por el país mismo. La gente, enojada, culpa al gobernador Ramírez Bedolla, a quien corren del velorio del alcalde con gritos de “¡asesino!”.
Es asombroso que muchos ciudadanos enojados den la cara con discursos encendidos en las redes sociales contra Morena y la 4T. Ese malestar se transmite por todos los medios, algunos de ellos adelantados, como los de Joaquín López Dóriga. Hoy el acontecimiento llenará los espacios de todos los periódicos y de los noticieros de radio y televisión que estarán al pendiente de la reacción de Palacio.
Sin duda alguna, surgirán líderes en la oposición que llamen a cuentas al gobierno, en representación de al menos la mitad de la población que no está de acuerdo con el rumbo del país. Morena quiere acercarse al autoritarismo presidencialista, controlando todos los poderes y todos los recursos nacionales. Sabemos que es ir contracorriente respecto de nuestro destino democrático. Es ir al fracaso.
Tienen razón los analistas norteamericanos: el gobierno mexicano no tiene el control del territorio nacional. Lo peor, comienza a repetirse la palabra “desgobierno”. De la tragedia y del dolor de haber perdido a un hombre cabal, debe surgir un movimiento que lleve su nombre, que haga honor a su valor y a su hombría de bien. Puede ser la “Fuerza Carlos Manzo”, algo lejano a los partidos y cercano a los ciudadanos.