En el mundo empresarial, las empresas más cotizadas son aquellas capaces de generar valor. Una empresa que crea valor garantiza su supervivencia a largo plazo y genera riqueza duradera para sus accionistas. De ahí que el propósito esencial de toda buena empresa sea justamente ese: crear valor.
Ahora bien, ¿qué ocurriría si trasladáramos este concepto al terreno urbano? Si homologamos el término “empresa con valor” al de “municipio con valor”, sustituyendo aspectos financieros por dimensiones sociales, urbanísticas y de felicidad, descubriremos también que hay ciudades que generan valor y otras que lo destruyen.
Y entonces ¿León genera valor? Una ciudad con valor es aquella que no se limita a brindar servicios básicos. Va más allá: es ecológicamente responsable, cuida el paisaje urbano, promueve el bienestar económico, cultural y social, genera plusvalías a través de la obra pública, y contribuye activamente a la felicidad y realización de sus habitantes.
Por desgracia, León crece, pero no se desarrolla. Campea la fealdad, perdió su identidad, mala urbanización, especulación y adolece de subinversión pública. La ciudad es peligrosamente insegura; escasea el agua, faltan espacios públicos, el tráfico es agobiante, y la infraestructura urbana resulta claramente deficiente. Sobran carencias y, así, sus habitantes ven mermadas las condiciones para hacer florecer sus capacidades.
León es el municipio con mayor número de pobres, la cuarta ciudad con el peor tráfico del país, creciente número de drogadictos y el segundo lugar nacional con el agua más cara; además, la falta de oportunidades aumenta los asentamientos irregulares; todo ello se traduce en un deterioro progresivo de los indicadores de bienestar, competitividad, progreso social y felicidad.
Cabe recordar que el poder político no es un fin, sino un medio para servir a la sociedad, no para perpetuar desigualdades. Aristóteles afirmaba que la pobreza no consiste únicamente en la falta de dinero, sino en la imposibilidad de que el ser humano despliegue sus capacidades, justo el leitmotiv de la ciudad: un conjunto organizado y autosuficiente de personas que realizan sus potencialidades y las ponen al servicio de los demás.
En una reunión surgió la pregunta ¿qué le pasa a León? Los diagnósticos no se hicieron esperar: Uno de los factores más mencionados fue la eterna tensión entre el gobierno estatal y el municipal, que impide sinergias, coordinación y avances. Esta pugna se origina debido a las aspiraciones tempranas de los alcaldes de llegar a la gubernatura, aún sin resolver los problemas que aquejan al municipio; entonces, se rompe la pax política y empiezan las tensiones entre el aspirante, el juego del Partido y grupos de interés.
Recordemos el caso de Ricardo Alanís: La curul en el Senado fue el pago por apoyar económicamente a Fox, pero pronto quiso ser alcalde y renunció… ya alcalde, le pareció chico el puesto y quiso ser gobernador… ¡Todo un fracaso!
Otro episodio fue el de Bárbara Botello, quien siendo alcaldesa denunció públicamente el bloqueo sistemático del gobernador Miguel Márquez. Ella reclamaba la escasa inversión estatal para León; mientras, funcionarios se enfrascaban en un grotesco debate: los municipales decían haber recibido 24 millones de pesos; los estatales afirmaban haber entregado 600 millones. ¡Pequeña discrepancia! La pugna era evidente y los afectados eran los leoneses.
También habría que mencionar la ausencia de contrapesos reales. León carece de una vigorosa oposición que rete al alcalde(sa) a levantar las miras y apretar el paso. El PAN ha gobernado con extrema comodidad. Tampoco, hay empresarios ni profesionistas comprometidos a participar en la cosa pública. No me refiero a los liderazgos camerales que se han partidizado, adictos al poder político, y algunos de ellos se han convertido en parte del grupo de interés que impulsan a la alcaldesa a la gubernatura.
Ale es una persona honesta y trabajadora. Sin embargo, no logra que León levante el vuelo. ¿Será que la preeminencia de su deseo anticipado la incapacita para enfocarse en dar valor al Municipio? Servir es saber escuchar y, los leoneses, hartos de diagnósticos sin resultados, aspiran a una ciudad con valor.
Al final, no olvidemos aquella provocadora definición de André Breton: “El surrealismo es la primacía del deseo inconsciente, sin importar la realidad externa”. A veces, León parece atrapado justo ahí: entre el deseo inconsciente de ser una gran ciudad y la cruda realidad de no lograrlo.