El concepto de bohemio en México tiene diversos significados, sentidos y formas de apreciarse, a diferencia de otros países, principalmente de Europa, aunque no precisamente referente al oriundo de la región checa de Bohemia.

Su origen se remonta a la Francia de inicios del Siglo XIX y surgió como un movimiento identificado con una mezcla del pueblo romaní gitano o húngaro, con los bohemios urbanos; muestra de personajes que llevaban una vida errante y poco organizada, inconformista e irrespetuosa de las normas sociales establecidas en cierto lugar y época; muy afines a ciertos artistas.

Ahora bien, en México se ha entendido como una expresión cultural y social que refleja una actitud despreocupada, libre y creativa, conectada o relacionada con el arte, la música, el canto, la literatura y la vida en comunidad, pero a la vez con plena libertad.

Se han identificado cinco características de lo bohemio en nuestro entorno, pero hay dos que puedo destacar y que más han influido en la percepción negativa que se tiene de los bohemios: a) El espíritu libre y despreocupado; y b) La vida nocturna y festiva.

Sobre la primera podemos afirmar que el bohemio valora la libertad por encima de cualquier convencionalismo social, prefiere vivir más espontáneamente que con rigidez y sujeto a una planeación para su futuro; es más hedonista; su forma de vestir, de hablar y relacionarse con los demás es más despreocupada y desparpajada.

Y en relación a la segunda, podemos decir que para el bohemio mexicano su ambiente favorito es el nocturno, a veces prolongado desde una tarde de fiesta; sus lugares naturales lo constituyen los bares, cantinas y celebraciones diversas; donde haya música, poesía o expresiones artísticas de diversa índole.

Esa percepción general ha hecho que las personas amantes de esas aficiones de solaz y entretenimiento sean, digamos no bien vistas, aunque no rechazadas ni discriminadas; es como una actitud contradictoria de la sociedad, pues por un lado se les busca y privilegia para lograr un buen ambiente en sus reuniones y, por otro, se opina de ellos, como desobligados, irresponsables, faltos de seriedad, inconstantes o indisciplinados por decir lo menos. Aunque se trate de verdaderos artistas que vivan de su trabajo, o bien quienes teniendo otras habilidades y actividades profesionales sobresalientes, lo hacen por puro gusto o afición.

Por ello, pese a que en lo personal, desde muy pequeño me gustó y practico el canto y lo estudié como lo he descrito en diversos relatos (“Escuelas de Cantantes”. Libro de mi autoría. “Reflexiones durante la Pandemia”. Pág. 73. Editorial Meridiano, S.A. 2021), ese gusto o afición lo mantengo muy discreto y exclusivo para familiares y amigos selectos, para evitar juicios erróneos sobre mi persona y ejercicio profesional.

No obstante, hubo un disco que grabé o me incluyeron en su grabación, a invitación del compositor de las canciones don Jorge Barajas y del director musical, don Guadalupe Hernández, allá por los años 1987-1988. En la portada se denominó “Rincón Bohemio” y lo adornó el diseñador con una pintura al óleo también de don Jorge Barajas Álvarez, intitulada “Los Bohemios”, donde aparecen en una cantina diez personajes conviviendo; unos tocando algún instrumento musical, otro cantando, cantinero tras su barra y los demás en la mesa con sus copas en la mano y botellas de licor a la vista.

En la contraportada están obviamente la lista de canciones y algunas fotografías de los intérpretes; entre ellos su servidor, aunque para variar, como suelen equivocarse con mi apellido dice “Paulino Loera”. Ese disco se distribuyó profusamente en la localidad y se agotó en acetato LP de 33 1/3 revoluciones, pero luego se remasterizó y salió un tiraje en disco compacto y también se agotó.

Pues bien, en los avatares de la vida real ya fui blanco de intrigas palaciegas, ataques y conspiraciones, debido a expectativas de algún nombramiento o cargo político. Allá a fines del Siglo XX fui considerado para obtener una posición en el Poder Judicial, por mi formación de abogado, estudios de postgrado y experiencia en la materia por varios lustros. Durante las auscultaciones, un enviado del entonces Gobernador me invitó a desayunar para platicar conmigo. Allí después de que aceptara la propuesta para el cargo al que se me proponía, de pronto me hizo una pregunta sorpresiva: Paulino, ¿es cierto que eres bohemio y que cantas? Obvio le contesté con sinceridad que sí cantaba y le pregunté en qué sentido se refería a “bohemio”; y de un portafolio que llevaba extrajo el CD que referí.

Solté una carcajada y le contesté: “Ah! ¿Es por eso? No hombre, esa es solo una pintura, una alegoría artística, pero no tengo ningún lazo o reunión de cantina con ellos, don Jorge Barajas lo concibió a su modo de ver y proyectarlo en una pintura”. El insistió y me aclaró que lo llevaba consigo por si yo lo negaba; que “alguien” se lo había entregado al Gobernador con el afán de desprestigiarme advirtiéndole que tuviera cuidado conmigo. Ya aclarado el punto, ahí mismo llamamos al Gobernador lo saludé y su enviado le dijo que todo aclarado y sin problema.

O sea que el concepto de bohemio para muchos mal intencionados, es sinónimo de haragán, alcohólico, desobligado, irresponsable, frívolo, fiestero, desenfrenado, y todos los epítetos denigrantes imaginables. Tengamos cuidado con esos juicios superficiales.

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