Columna de Manuel J. Jáuregui
Columna de Manuel J. Jáuregui

Y mientras, en el País de Alicia y las Maravillas, al dinero le nacieron alas y voló, voló y voló. Es tiempo, por lo tanto, de hablar de “Repollos y Reyes” en este mundo alrevesado en el que los que se autoproclaman defensores del pueblo defienden a los tiranos que lo someten, y no al pueblo sometido. Aversos a lo que llaman eufemísticamente “riesgo País”, los capitales huyen despavoridos de México.

Hace unos días, cuando se informó que cada día hay menos patrones en México -de lo cual, lógicamente, se desprende que si hay menos empleadores, hay menos oportunidades de empleo-, voceros cuatroteros minimizaron el hecho. No dudamos, por tanto, que igualmente afirmen que la huida de capitales de México sea algo inconsecuente.

Según datos del Banco de México, de enero a noviembre del accidentado 2025 -en el que aviones de la Marina se caen y los trenes Interoceánicos se descarrilan causando muertos-, salieron de México 7 mil 214 millones de dólares. Esto, en valores gubernamentales en manos de extranjeros: a los inversionistas no les gustamos como objeto de inversión.
Expertos afirman que la revisión inminente del T-MEC -que promete estar más que álgida-, la creciente deuda soberana, la pobre situación de Pemex y el déficit presupuestal derivado de un elevado gasto corriente, magro en inversiones productivas, preocupan y le restan atractivo a la inversión en México.

Ellos, los cuatroteros, podrán aventarse su rollo, pero este hecho es una señal de alarma, un aviso de que nuestro Supremo Politburó fracasó rotundamente en crear las condiciones necesarias para generar un entorno amigable a la inversión, así como ha fracasado también en crear un ambiente propicio al emprendimiento, demostrado lo anterior por el hecho de que, conforme pasa el tiempo y se enraiza el cuatroterismo en México, en lugar de haber más patrones creando más empleos, tenemos menos patrones invirtiendo menos y dejando de crearlos.

Si éste era realmente el propósito de ponerle un segundo piso a la dizque “transformación” de México, entonces los illuminati que impulsan la Cuarta Trastornación están cumpliendo su propósito. Mas si la idea consiste en erradicar la pobreza, crear empleos, “hacer crecer la economía al 4 % anual” y ubicar el precio de la gasolina en 10 pesos por litro, pues entonces van que vuelan por el sendero del fracaso absoluto.

Nos conducen en tobogán directo al acantilado, o lo que es lo mismo: nos han trepado a los vagones del Interoceánico descarrilado (o a la Línea 12 del Metro colapsada, ustedes escojan). Nos parece evidente que los “constructores” del llamado segundo piso de la 4T pierden su tiempo cazando pretextos y no procurando encontrar y aplicar soluciones a los problemas que nos aquejan.

Todavía andan con el rollo de que Calderón y que García Luna -tema de hace casi dos décadas-, pero se les olvidan Bermúdez Requena y La Barredora del sexenio pasado.
Se rasgan las vestiduras por la acción militar limitada realizada por Estados Unidos para derrocar a un tirano torturador y asesino, pero se les olvida por completo la invasión de Rusia a Ucrania, en la que han muerto decenas de miles de civiles, incluidos mujeres y niños.

Atacan los rusos hospitales y edificios de departamentos en Kiev, y los cuatroteros “austeros y humildes” condenan desde Roma el derrocamiento del Gorila Maduro y lo defienden, olvidando las víctimas de las atrocidades cometidas por la tiranía para someter al pueblo violando sus derechos humanos.

Se entiende perfectamente la estampida de capitales saliendo de México, pues hemos mostrado al mundo desarrollado una doble cara deplorable: pretendemos atraer capitales presentándonos orgullosos como cuates de Maduro, de Díaz-Canel o del imbécil de Petro, mientras Perú nombra a nuestra Presidenta “persona non grata” por intervenir en los asuntos internos de otras naciones -justo de lo que acusamos a Estados Unidos-, lo cual nos patenta escasa, si no es que nula, autoridad moral ante el concierto de naciones primermundistas.

Nos comportamos como república bananera y, por ello, el mundo del capital y las finanzas de los países avanzados nos trata como tal, enseñándonos su espalda al irse. ¿Acaso eso es lo que queremos? ¿Ello, o ser tratados como iguales, como país primermundista? Si acaso es lo primero, ¡vayan avisando!

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