Columna de Manuel J. Jáuregui
Columna de Manuel J. Jáuregui

Manuel J. Jáuregui

Entre más poder acumula el partido oficialista, peores se ponen las condiciones para invertir en el País. Obvio, si no hay inversión no hay crecimiento, y si no hay crecimiento no hay creación de empleos, y si no se crean empleos formales bien remunerados, la población empobrece: desciende, pues, el nivel de vida de los mexicanos.

Éste es el camino del actual Gobierno que implementa cambios que coartan las libertades individuales, impiden la competencia política, silencian la libertad de expresión y, en consecuencia, generan más desconfianza e incertidumbre. Mismas que hoy día son la causa de que solo el 39.5 % de los socios de la Coparmex considere que éste es un buen momento para invertir, de acuerdo con una encuesta interna.

Priva la desconfianza entre los patrones, generada por la incertidumbre jurídica, el contexto económico, la inseguridad y la situación política. O sea, el monopolio de poder del partido oficialista que, ya siendo exagerado y totalitario, busca incrementarse vía la Reforma Electoral, que reducirá el peso -de por sí mermado- de los partidos de oposición, pero además truqueando las elecciones del 2027 para asegurar no sólo el “carro completo”, sino la aplanadora pesada.

Esto, insertando a la Presidenta en la boleta para que pueda hacer campaña, disponer de recursos electorales y encabezar -o conducir- la maquinaria electoral que funciona con base en las dádivas repartidas para beneficio de Morena, pero con cargo al pueblo. Esto con un INE acotado a la medida del oficialismo y con el Poder Judicial de los Acordeones de respaldo, diseñado para que nadie pueda ganarle una disputa jurídica al Gobierno que lo controla. ¡Claro que hay desánimo y nadie quiere invertir!

Con los cambios que han hecho los cuatroteros y con los que están en puerta, seremos copia y calca del marco jurídico que priva en Venezuela y que ha hecho que ese país sea “ininvertible”, como afirmó el CEO de ExxonMobil. Estos cambios vienen disfrazados y consisten en iniciativas adornadas con todos los rollos de los demagogos populistas: hablan de democracia, de defender al pueblo, de ahorrar recursos, cuando en realidad se trata de tiranos con careta de demócratas, buscando más poder.

Afirman actuar en beneficio del pueblo, pero en realidad lo hacen para defender sus intereses políticos que perjudican a la población, pues envenenan el entorno económico del País para poco a poco tornarlo en “ininvertible”. Cero crecimiento económico, cero creación de empleos, cero escalamiento en el nivel de vida de los mexicanos.

¡Ah, pero eso sí, habrá otras cosas!: menos libertades, más control gubernamental, mayor sometimiento del ciudadano, pues el siguiente paso en esta cadena del modelo Venezuela/Cuba/Nicaragua es no sólo silenciar la disidencia, sino castigarla con leyes leoninas.

Una de las cifras aportadas por una valiente Coparmex, de las pocas Cámaras empresariales a las que se les oye revelar la realidad, es la siguiente: en el 2025 se creó en México sólo el 6 por ciento de los empleos formales requeridos.

Nuestro Gobierno cuatrotero/cuatrero está empujando el empleo hacia la informalidad, hacia el empleo parcial, mal remunerado y marginal, lo cual trae por supuesto un descenso en el nivel de vida de los mexicanos. Las dádivas no suplen -ni suplirán jamás- el sustento de un empleo formal bien remunerado, uno que sólo la inversión sólida, el crecimiento económico y el emprendedurismo pueden aportar.

Escuchamos la crítica y nos pareció digna de análisis: la titular del Ejecutivo actúa más como la lideresa estudiantil que fue en el 86 que como estadista de una nación que enfrenta graves problemas que requieren más atención que juntas y discusiones con sus propios correligionarios -sin la presencia de un solo opositor o aportador de crítica disidente- al plan “oficial” de desaparecer, por ejemplo, la representación plurinominal.

México no requiere una reforma electoral, ni someter al INE, ni borrar la separación e independencia de los tres Poderes de la Unión. Requiere libertad, empoderar al ciudadano, organismos autónomos, generar confianza y certidumbre.

No pierda su tiempo, pues, la Presidenta en la grilla electoral de su partido: dirija a la Nación, acabe con la inseguridad, la extorsión y la impunidad, fomente la inversión y no la regresión.

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