Las reformas electorales en nuestro querido México han sido constantes desde 1977, siempre con la presión de la izquierda y de la ciudadanía, buscando la autonomía del órgano electoral con respecto al Poder Ejecutivo, destacando la creación del IFE en 1997 y en 2014, del INE (Instituto Nacional Electoral). En 1996 se estableció el sistema mixto (mayoría relativa y representación proporcional) y una mayor equidad en la competencia, culminando en la alternancia del 2000 con Fox, hasta que la izquierda fue gobierno por primera vez en el 2018. Pero siempre el poder cambia a la gente y a los partidos políticos y la izquierda que forma parte de Morena, en el 2023, en el llamado “Plan B” de AMLO, quería injerencia en la organización electoral y en el Consejo General del INE, pero la Suprema Corte invalidó partes de la propuesta. Los gobiernos totalitarios tienen siempre la tentación de controlar las elecciones desde el órgano electoral, como lo logró Venezuela en toda la era chavista.

Es inminente que nuestro querido País tenga pronto, una nueva ley electoral, toda vez que, la sobre representada mayoría de Morena y sus aliados (hecho que se debe a la ley electoral promovida históricamente por la izquierda), puede modificar la Constitución a su gusto. Pero conviene recordar que siempre fue una reivindicación de la izquierda la reducción del número de Diputados y Senadores, el ajuste de las prerrogativas electorales a los partidos, la reducción del costo de las elecciones, la eliminación de plurinominales y más recientemente, la elección de los Consejeros Electorales. Esta semana se ha conocido por donde Morena hará la reforma electoral; las propuestas actuales incluyen precisamente temas históricos como la necesaria segunda vuelta presidencial, la reducción de legisladores, y la elección ciudadana de Consejeros Electorales, buscando mayor democracia y eficiencia presupuestal, aunque todo esto, a menudo, genera debate y controversia.

He seguido con interés la propuesta de Pablo Gómez, el histórico de la izquierda, quién por décadas sufrió la aplanadora de PRI, cuando la izquierda legislativa era minoría. Y su propuesta -que está enfocada hacia la independencia (no autonomía) del Instituto Nacional Electoral o el nuevo nombre que le quieran dar, y tiene preponderantemente un enfoque de optimización presupuestal; es decir que el gobierno gaste menos en las elecciones y esto ha sido un reclamo general en México, debido a que tenemos “voto de papel” y no electrónico por esa enorme desconfianza que tenemos los mexicanos. Como ciudadano por décadas, he coincidido con las propuestas que hace Pablo Gómez y que aquí he expuesto, incluida la desaparición de los OPLES estatales (el IEEG en el caso de Guanajuato) y que redundan la actividad del instituto nacional.

Incluso con lo riesgoso que es la elección de los Consejeros Electorales (al igual que los aspirantes a jueces, los Consejeros somos unos desconocidos), considero que la reforma es necesaria para el País, pero… identifico tres grandes riesgos: el primero, es que Morena controlará al órgano electoral al no tener autonomía, sino solo independencia y que los Consejeros electorales en el país son poco conocidos y de replicarse la historia del poder judicial, ingresarían solo consejeros electorales afines al régimen. El tercer riesgo, es que al eliminar a los plurinominales o por lo menos a la mitad, los partidos pequeños como el Verde, como el PT, como el PRI e incluso MC, tendrían el riesgo de estar sub representados en las Cámaras. Es decir, estaríamos enfrente de elecciones de “mayoría relativa” y de poca “representación proporcional”, que fue paradójicamente, un reclamo histórica de la izquierda desde los años 80 y que se plasmaron en la reforma electoral que nos llevó a la alternancia del año 2000.

Así, que al tener Morena el control sobre el Poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, así como la Fiscalía General de la República y ahora al organismo electoral, se podrá mantener décadas en el poder, como lo hizo su padre, el PRI, por 71 años. No será fácil para la oposición aceptar esta nueva realidad política de la Reforma electoral que es inminente. Se jugará ahora con las reglas de las mayorías relativas y ya no de la representación proporcional que eran los plurinominales. Al final, aplicarán su mayoría y la reforma se hará como ellos quieren y les conviene, para perpetuarse por décadas en el poder. No es un asunto de ahorrarnos dinero, sino nulificar a la oposición.

450 Historias de León

Acompáñanos en un recorrido por la historia de León. Recibe en tu correo relatos sobre personajes, barrios, tradiciones y momentos clave, que celebran la identidad leonesa, en el marco de los 450 años de nuestra ciudad.