Óscar Noé Medina González, “El Panu”, “el comandante día a día” del aparato de seguridad de Los Chapitos, y el hombre de mayor confianza del actual jefe del Cártel de Sinaloa, Iván Archivaldo Guzmán, se había refugiado en la Zona Metropolitana del Valle de México con intención de mantener un bajo perfil e interponer distancia, como una forma de protegerlo, de su compadre y amigo, el heredero del imperio del “Chapo”.

En abril de 2023 el gobierno de Estados Unidos había ofrecido una recompensa de cuatro millones de dólares a quien ofreciera información que llevara a su captura. Como jefe de pistoleros de Iván Archivaldo, “El Panu” coordinaba la guerra contra Ismael Zambada Sicairos, “El Mayito Flaco”, desatada al interior del Cártel de Sinaloa desde septiembre de 2024, luego de la traición que puso en manos del gobierno de Estados Unidos al “Mayo” Zambada, líder histórico del Cártel de Sinaloa: una guerra que ha dejado casi dos mil muertos y cerca de un millar de desaparecidos.

Al “Panu” se debió la incorporación al Cártel de Sinaloa de uno de sus asesinos más despiadados: Néstor Isidro Pérez Salas, “El Nini”, gatillero que actuaba bajo sus órdenes como jefe de escoltas y se hallaba al frente de uno de los escuadrones de sicarios más violentos de la organización. “El Nini” era requerido por el gobierno de Estados Unidos como responsable “del asesinato, tortura y secuestro de rivales y testigos que amenazaban la empresa criminal”. Juntos habían asesinado en 2017 a dos agentes de la PGR, quienes fueron interrogados en un rancho de Iván Archivaldo y a uno de los cuales torturaron enterrándole un sacacorchos en los muslos. Los cuerpos fueron abandonados en la carretera federal 15, a las afueras de un hotel cercano a Navolato. Se dijo que el propio Iván Archivaldo había ejecutado a uno de ellos con un disparo en la cabeza.

La detención y posterior extradición del “Nini”, quien según una versión fue entregado por el propio Cártel para calmar los apetitos de los Estados Unidos al final del sexenio de López Obrador y se hallaba buscando un acuerdo con los fiscales de aquel país mediante la entrega de información sensible, era solo uno de los problemas que “El Panu” estaba enfrentando. Además de que Estados Unidos lo tenía en la mira como uno de los principales introductores de fentanilo en Los Ángeles y San Diego, y lo señalaba como responsable de buena parte de la violencia desatada en Coahuila, Sonora, Chihuahua, Tamaulipas y Michoacán, a través de “la limpia” de grupos rivales, “El Panu” debía cuidarse de “El Mayito Flaco” y sus aliados, interesados en eliminar la estructura de Los Chapitos.
Decidió refugiarse en un Airbnb de Naucalpan, en el Estado de México. Para no llamar la atención, decidió prescindir de escoltas. Las agencias de Estados Unidos ya habían detectado que “El Panu” operaba a distancia, y a través de terceros, el tráfico de fentanilo en Los Ángeles y San Diego, así como las actividades de expansión del cártel en los estados arriba señalados. Probablemente siguió operando desde la sombra hasta la noche del 21 de diciembre de 2025.

Esa noche circuló la noticia de que un hombre había sido ejecutado de doce tiros en el restaurante Luaú de la Zona Rosa. Lo acompañaban dos mujeres, su madre y su esposa, así como un hombre más.

La esposa de la víctima lo identificó como un empresario hotelero de nombre Óscar Ruiz. Dijo que habían llegado a la capital el día anterior para pasar la Navidad. Las huellas dactilares revelaron otra cosa: el muerto era “El Panu”, “el comandante día a día” del aparato de seguridad de Los Chapitos.

Un hombre vestido de negro, que llevaba gorra y cubrebocas, pidió mesa en el lugar: antes de entrar, hizo tiempo en el vestíbulo del restaurante. Luego, avanzó directamente hacia su objetivo, lo asesinó a tiros de 9 mm. y salió tranquilamente al tráfico que a las 8 de la noche poblaba la calle de Niza. De acuerdo con las investigaciones, el gatillero se alejó caminando hasta Reforma, hizo una llamada telefónica y regresó más tarde a calles de la colonia Juárez, en donde abordó un vehículo.

También él iba sin acompañantes, aunque no se descarta que otras personas estuvieran en los alrededores del Luaú, sirviéndole de “muro”.

Fue la madre del “Panu” quien reveló su verdadera identidad. Dijo que llevaba tiempo sin ver a su hijo, y que este se dedicaba “a criar animalitos”. “El Panu” había rentado una casa en Tecamachalco para recibirla y pasar con ella las fiestas decembrinas. Una línea de la investigación señala que al entrar en contacto con su madre fue detectado por los interesados en eliminarlo.

Ha trascendido que la esposa del jefe de sicarios de los Chapitos, quien durante los instantes posteriores a la ejecución entregó datos falsos a las autoridades, es hija del subsecretario de Turismo del gobierno de Rubén Rocha Moya, Adolfo Rojo Montoya, exdiputado y exdirigente estatal del PAN. Consultado por “El País” sobre la relación de su hija con “El Panu”, el funcionario respondió que cada quién se hace cargo de sus decisiones.
Como era de esperarse, el gobernador de Sinaloa se lavó las manos: “No conozco sus historias, no conozco sus familiaridades”, dijo.

La ejecución de Medina González en pleno corazón de la Ciudad de México ha abierto un abanico de preguntas que por ahora no tienen respuesta. ¿Se trató de un encargo de sus rivales? ¿O la orden llegó de otro lado, de cara a las presiones e investigaciones emprendidas por el gobierno de Estados Unidos?

El año abrió en la CDMX con el asesinato de alto impacto de dos colaboradores de la jefa de gobierno Clara Brugada. Cerró en el Luaú, donde quedó tendido el cadáver “del comandante día a día” del aparato de seguridad de Los Chapitos.

En ambos casos priva aún la oscuridad.

450 Historias de León

Acompáñanos en un recorrido por la historia de León. Recibe en tu correo relatos sobre personajes, barrios, tradiciones y momentos clave, que celebran la identidad leonesa, en el marco de los 450 años de nuestra ciudad.