Pobre Venezuela, gobernada hoy por los compinches del dictador.

Ojalá no hayan cambiado a un autoritario por otro. El tiempo dirá.

Ante la incesante marcha de México al autoritarismo, más nos vale aprender en cabeza ajena.

Vernos en el espejo de Venezuela.

Vernos en las palabras de María Corina Machado, leídas por su hija Ana Corina, al aceptar el premio Nobel de la Paz hace poco en Oslo:

  • He venido aquí para contarles la historia de un pueblo y su larga marcha hacia la libertad.
  • Construimos una democracia que se convirtió en la más estable de América Latina y la libertad se desplegó como una fuerza creativa.
  • Incluso la democracia más fuerte se debilita cuando sus ciudadanos olvidan que la libertad no es algo que esperamos, sino algo en lo que nos convertimos.
  • Mi generación nació en una democracia vibrante y la dimos por sentada. Asumimos que la libertad era tan permanente como el aire que respirábamos. Apreciamos nuestros derechos, pero olvidamos nuestros deberes.
  • Para cuando reconocimos la fragilidad de nuestras instituciones, un hombre que había liderado un golpe militar para derrocar la democracia fue electo presidente. Muchos pensaron que el carisma podía sustituir al estado de derecho.
  • Desde 1999, el régimen desmanteló nuestra democracia: violó la Constitución, falsificó nuestra historia, corrompió al ejército, depuró a jueces independientes, censuró a la prensa, manipuló elecciones, persiguió a la disidencia y devastó nuestra extraordinaria biodiversidad. Lavadoras y refrigeradores se entregaron en televisión nacional a familias que vivían en pisos de tierra, no como progreso, sino como espectáculo.
  • Y luego vino la ruina: corrupción obscena; saqueo histórico. Durante el régimen, Venezuela recibió más ingresos petroleros que en todo el siglo anterior. Y todo fue robado.
  • El dinero del petróleo se convirtió en una herramienta para comprar lealtad en el extranjero, mientras que en el país, grupos criminales y terroristas internacionales se fusionaron con el Estado.
  • La economía colapsó en más de 80%. La pobreza superó el 86%. 9 millones de venezolanos se vieron obligados a huir. Estas no son estadísticas; son heridas abiertas.
  • Mientras tanto, algo más profundo y corrosivo ocurría. Era un método deliberado: dividir a la sociedad por ideología, raza, origen y estilo de vida; empujando a los venezolanos a desconfiar unos de otros, a silenciarse, a ver enemigos en los demás.
  • Nos asfixiaron, nos tomaron prisioneros, nos asesinaron, nos obligaron al exilio.

    No hay mucho que añadir.

    Por supuesto que aquí yace una advertencia explícita para México.
    Una advertencia de vida o muerte. Insisto: aprender en el dolor ajeno, vernos en el espejo de Venezuela.
    Porque las similitudes asustan. Cuando iba escuchando y leyendo el discurso, en muchas partes yo iba diciendo: aplica, aplica, aplica, aplica, aplica, me suena familiar, aplica y, finalmente, aplica.
    Sobre aviso no hay engaño.
    Quizá aquí no lleguemos a una dictadura, pero claramente existe un esfuerzo deliberado para reconstruir al menos la dictadura perfecta.
    El autoritarismo disfrazado de un partido hegemónico y “bueno” que al representar al pueblo, por supuesto, no se puede equivocar.
    Aquel PRI asfixiante, pero con una terrible diferencia: las ideas de las que parte este remedo son terribles en lo que respecta al crecimiento económico, la principal tarea para un país como México.
    La 4T destruye el potencial de crecimiento a la vez que prepara el camino para nunca irse.
    Y eso asusta.
    ¿Qué hacer?
    María Corina tiene la respuesta: “La libertad no es algo que esperamos, sino algo en lo que nos convertimos. Asumimos que la libertad era tan permanente como el aire que respirábamos. Apreciamos nuestros derechos, pero olvidamos nuestros deberes”.
    En corto, no olvidar nuestros deberes.
    Actuar y hablar hoy que todavía se puede.
    ¿Y quiénes en particular? Todos los que tenemos capacidad de influencia. Si callamos, otorgamos. Si callamos, olvidamos nuestros deberes.
    Si callamos, ignoramos el espejo de Venezuela.
    En pocas palabras…
    “Estas no son estadísticas; son heridas abiertas”.
    María Corina Machado, premio Nobel de la Paz.
    benchmark@reforma.com
    X: @jorgemelendez
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