Así nomás: ¡úsese y tírese! -como kleenex- son para Morena y la Cuatroté sus aliados. Los necesitaron para trepar al poder, los usaron para alcanzar mayorías calificadas y efectuar reformas constitucionales, los aprovecharon para competir en zonas del País para ellos complicadas, los usaron hasta que se hartaron.
Ahora sienten que ya no los necesitan y, como quien tira un kleenex moqueado, se deshacen de ellos vía una “reforma electoral” más amañada que la lucha libre.
Una reforma que los fuerza a endosar y en la que les quitan recursos, les quitan representación y los despojan de la decisión de incluir en sus listas plurinominales a personas que, como institución política, consideran necesarias para adelantar las causas del partido y de la gente que representan.
Bien ganada fama de traicionera y mala paga posee la dirigencia de los “M”, sobre todo su Profeta Palenqueño: usan a la gente para lograr su objetivo y, cuando sienten que ya no les sirve, la avientan como quien tira un escupitajo.
Siendo una dama respetable, quien la mayor parte del tiempo muestra clase y prudencia, propuso Sheinbaum esta reforma que ella y su gente elaboraron, pero no para que se discuta y analice, sino para que la aprueben sin moverle una coma en un periodo de cuatro días, sí o sí.
Le molesta mucho a la Señora Presidenta que la llamen “autocrática”; por ello no se entiende que se conduzca como autócrata, certificando con hechos los dichos de sus críticos. Su propuesta de reforma debería ser turnada al Congreso para ser analizada, evaluada por las fuerzas políticas y que sugieran adecuaciones en lo que debe ser una negociación.
Mas no, la señora les fija plazo a sus aliados como si fueran súbditos, dejando implícito que, de no acceder, deberán atender las consecuencias, mismas que, a como se las gastan en la cuatrotería, los llevaría a enfrentar -por el “no va”- el cierre de los CENDIS para el PT y auditorías del SAT al PVEM y personalmente a la familia González, que ni en 100 años se las acabarán.
¡Pero que nadie ose llamarles autócratas! Tristemente, peores cosas le llaman ya a nuestra H. Presidenta (y a México) en el exterior. Hay un consenso global en que, para que México salga de la mediocridad económica y logre tasas de crecimiento del PIB saludables, urge que el Gobierno genere certeza. ¿Por qué entonces se esmera en promover la incertidumbre? ¡Incluso en esta mal llamada reforma electoral presidencial!
No miden, por ejemplo, que con el pretexto de ahorrar 237 millones de pingües pesos, propone eliminar el PREP. La cifra es ridícula comparada con el costo que aumentan al agregar boletas y personal para contar a los nuevos elegidos de primera y segunda minorías; pero al eliminar el PREP generan incertidumbre, pues crearían un vacío de tres días sin resultados, disparando la especulación y espacio para manipular resultados, dando paso a la falsificación de actas y al retaque de urnas en zonas rurales.
Perderán credibilidad las elecciones ante nosotros mismos y ante el mundo. ¿Qué pasó, entonces, con la certidumbre que urge generar en México?
Otro error garrafal de la reforma electoral presidencial es la propuesta de eliminar las 300 juntas distritales que evalúan -y certifican- las elecciones locales, sustituyéndolas por organismos temporales. ¿Cómo demonios una junta temporal podría fiscalizar el uso de recursos en las campañas y aplicar reglas, además de vigilar a los OPLES? Ello, adicional al hecho de que al contratar personal temporal se generan problemas de capacitación y selección. ¿O Morena piensa nombrar a todos con tómbolas y acordeones?
Ni la Presidenta ni el mesozoico Pablo Gómez poseen el don de la infalibilidad; su reforma está plagada de pifias gigantescas, lo que hace que ésta atente contra la democracia: equivale a retroceder medio siglo y crear un sistema dominado por el oficialismo, incierto, inconfiable, inseguro y amañado.
Nada le ayuda a su imagen personal ni a la del País, ni le otorga credibilidad al proceso electoral tanto el contenido fallido de la iniciativa impulsada desde Palenque como la actitud perdonavidas de la Presidenta hacia sus ex aliados, pues resulta muy fuera de carácter para ella y sumamente desconcertante hacia el exterior.