Acaban los fríos, temporada en que la inversión térmica en la ciudad es más crítica y en que nos enferma la mala calidad del aire, empeorada por contaminantes productos de la quema, como la de materiales peligrosos en hornos para producción de ladrillos, pues son gratuitos para ellos. Pero evitarlo, no ha sido sencillo, la problemática social alrededor de las ladrilleras es compleja.
Dirán algunos que es multifactorial, pues intervienen aspectos comunitarios de los productores, y un mercado que es una actividad económica orientada a la construcción que demanda ladrillo rojo recocido. El efecto, es la mala calidad del aire en las colonias circundantes y el traslado en la atmósfera a más zonas durante la madrugada hasta que al mediodía con el incremento de la temperatura, se dispersa en las partes altas de la biósfera.
Por el azar de la vida, viví dos años en una ladrillera siendo joven, en la búsqueda universitaria por buscar aplicar lo que la ingeniería te aporta y conozco bien esta dinámica social entre personas vulnerables.
La problemática de las ladrilleras en León, tiene su origen principalmente en la zona del Refugio y el Eje Metropolitano, donde se centra en una grave contaminación atmosférica y dicen algunos, una crisis sanitaria. Lo crítico es la quema nocturna de materiales prohibidos (llantas, basura, cuero, plásticos) que genera humos tóxicos que causan asma, cáncer, enfermedades pulmonares y renales en residentes, llegando incluso a zonas como el Hospital General Regional.
Sin duda, hay un impacto ambiental y de salud, pues los hornos ineficientes utilizan estos materiales de desecho que liberan plomo y otras toxinas, afectando la calidad del aire y la salud de los vecinos, documentándose ya casos graves de salud.
La quema es nocturna, pues los trabajadores suelen quemar a estas horas o durante la madrugada, para evadir inspecciones, y esto provoca que el humo se filtre en los hogares durante la noche. Es lo mismo que pasa en las zonas altas de la ciudad, que recibimos olores de acuerdo a los vientos dominantes.
El gobierno ha intentado de muchas maneras, solucionar esto. Me ha tocado desde la UTL hasta el CIATEC, participar en iniciativas para contribuir a las soluciones. Pero no es fácil, pues las áreas mencionadas se asientan las ladrilleras, tienen rezago y falta de regularización sobre sus predios, lo que dificulta la implementación de programas de reubicación o modernización de hornos.
Además, por tratar a algunos de ellos, tienen resistencia a la modernización como los hornos ecológicos, pues el tabique ecológico es más costoso y difícil de comercializar y los productores tienen condiciones económicas precarias. Por lo legal, la comunidad de Ladrilleras del Refugio padece carencias en servicios básicos como pavimentación, alumbrado y atención médica.
Y aunque el Gobierno del Estado ha buscado soluciones a los 2,000 hornos en 38 municipios, mediante innovación y mesas de diálogo, la realidad es que la persistencia de la quema de materiales tóxicos, sigue siendo un problema crítico de salud pública.
Los ciudadanos aseguran que, desde hace años, cada mañana encuentran ceniza en techos, patios y vehículos, por lo que en febrero los vecinos se pronunciaron públicamente desde las colonias Héroes de León, Viñedos 1 y 2, Mayorca, Valle del Gigante, Puerta Lisboa, Muna y Marroka, entre otras comunidades del sector. Reconocen que las ladrilleras representan una fuente de empleo para las familias, pero que esta actividad no debe estar por encima del derecho a un ambiente limpio y saludable. Piden supervisión efectiva, mediante inspecciones regulares en ladrilleras para verificar el cumplimiento de las normas ambientales.
Asimismo, solicitan el monitoreo permanente de la calidad del aire, con estaciones de medición en la zona para identificar niveles de contaminación y activar protocolos cuando se superen los límites permitidos. Además, que sigan acciones concretas y urgentes, que incluyan tecnologías limpias e incentivos para los ladrilleros.
Si bien la evolución tecnológica ha cambiado hacia nuevos materiales cerámicos, o a muros prefabricados, la realidad es que el tabique rojo y el tabicón, siguen siendo parte de la construcción popular y por eso durante las siguientes décadas, seguirá habiendo mercado para su producción.
Las comunidades y las ladrilleras tienen su propia dinámica cultural y eso disminuye el interés hacia la reubicación. En León hay otros focos rojos ambientales, como la incidencia de cáncer en la piel en la parte sur de la ciudad por los pasivos ambientales de Química Central; el desafío es poder realizar estudios sociales y médicos, para tener con números, la evidencia de este incremento de enfermedades.