Gente querida: como hace 5 años en este espacio, denuncio ahora la invasión de una propiedad municipal que hace un particular muy poderoso, en un predio del parque Chapalita. Hace cinco años con una denuncia ante la PAOT (Procuraduría Ambiental y de Ordenamiento Territorial estatal), pudimos los vecinos detener el arrojo de escombro, pues se arrojaba por toneladas y no solo destruyó árboles, sino que tapó uno de los veneros (agua subterránea) que alimentaba al parque. A lo largo de 25 años, calculo que son alrededor de 10,000 toneladas que forman esta gran montaña que es un monumento a la falta de valores ciudadanos y a la inacción de la autoridad municipal, que en esta como en otras, no protege la propiedad comunal.
El Parque Chapalita es resultado desde hace 60 años, del secado de un lago que se formó hace siglos, con los escurrimientos subterráneos y superficiales del poniente de la ciudad, provenientes de la parte alta de los limites con Jalisco. Escurrían al Pozo del Fraile y después al Parque Hidalgo donde formaban un lago que disfrutaron generaciones de leoneses para su esparcimiento. Hoy, todo está seco, pues la ciudad creció y las acciones antropogénicas fueron secando los veneros. La colonia Arbide también hizo su parte, pues al comprarse grandes predios, como los que están en la calle Chiapas Norte, fueron también, acabando con los escurrimientos e incluso aprovechándolos, pues era agua subterránea de manantial, gratuita.
Las invasiones no son nuevas en nuestro querido País, son costumbre, porque los seres humanos “somos como somos”; buscamos primero el interés personal que el bien común. Lo mismo en parques lineales, que en banquetas, que en áreas de donación, que en espacios que forman ahora calles, las invasiones son pérdidas que tiene el municipio, para beneficio de particulares. El casi que denuncio, representa el interés inmobiliario del dueño de un terreno que invadió la propiedad municipal al arrojar escombro, buscando tener masa para construir edificios, pues allí, la vista de la ciudad es hermosa. En lugar de construir bardas de mampostería donde debería invertir millones, ha sido más cómodo y económico, arrojar por décadas escombro. En una de estas intentonas, los vecinos de Arbide lograron contener el cambio de uso de suelo, no solo en el intento de construir una escuela, sino ahora, de construir edificios, cuya cimentación, aún así, no pasaría la prueba de mecánica de suelos para desplantar edificaciones de más de 3 pisos.
La asociación civil “amigos del Parque Chapalita”, presentamos una queja ante el municipio y este envió inspectores para que citaran al propietario y evitar que los camiones y maquinaria sigan haciendo crecer esta montaña que es tan grande como la indiferencia de la autoridad. Solo personas con gran poder económico e influencias en el Ayuntamiento, pueden haber permitido por décadas este despojo e invasión, en una ciudad tan necesitada de espacios públicos. Hace 4 años solicité a la Dirección de Gestión Ambiental municipal, la declaración como área natural protegida en esa zona del parque, pues tiene especies endémicas como la palmera de abanico mexicana (Washingtonia robusta), sauces llorones y ahuehuetes, gracias a la humedad que tenía por el venero que hoy está tapado por el escombro. La fauna tiene aquí un refugio, con tlacuaches y liebres, que paulatinamente son presas de las jaurías de perros callejeros.
La sanción debería ser no solo detener los camiones que arrojan escombro, sino restituir el hábitat original del predio municipal como estaba originalmente. Abogados reconocidos en la ciudad como Juan Pablo Delgado y amigos de la Barra Mexicana de Bogados, conocen del caso y consideran que la estrategia, una vez que tienen ya la evidencia de la propiedad municipal, es demandar al particular para que retire el escombro al demandarle por despojo de un bien público. Los medios de comunicación comenzaron también, ya a documentar esta invasión de un bien común. El Día Mundial de la Tierra, presentaré la publicación del libro “El ecosistema leonés desde los 17 ODS” publicado por el Senado de la República, gracias a la Senadora Kikis Magaña y donde documento la jornada ciudadana en la defensa y reconstrucción del ecosistema leonés, para que las siguientes generaciones lo preserven y no desfallezcan en que subsista en esta ciudad viva.