​Este mes que nos celebramos como mujeres, pensé en escribir sobre la vida de algunas de nosotras, que han cambiado al mundo. Empezaré por Florence Nightingale, una mujer tan extraordinaria que es la fundadora de la Enfermería moderna.

Londres, 1854.

​En una ciudad donde el humo lo cubría todo y la pobreza se respiraba más que el aire, Florence Nightingale comprendió algo que nadie quería aceptar: no hacía falta una guerra para matar. Bastaba con desorden, suciedad… y costumbre.

​Cuando llegó a los hospitales militares británicos durante la Guerra de Crimea, encontró salas abarrotadas, camas pegadas unas a otras, vendajes reutilizados, agua contaminada y médicos convencidos de que aquello era inevitable.  -Los hombres mueren por la guerra-decían. Es normal.

​Pero Florence, contó. Contó muertos, contó infecciones, contó errores. Y descubrió que más soldados morían por enfermedades prevenibles que por heridas de combate. Y entendió algo revolucionario para la época: el entorno mata tanto como las balas.

​Introdujo algo casi ofensivo para muchos médicos: limpieza, ventilación, agua potable, espacio, rutinas. La ridiculizaron.  -Esto es cosa de mujeres-decían. No ciencia.

​Pero cuando los números empezaron a caer, ya no pudieron ignorarla. La mortalidad se redujo en forma drástica [bajó del 42% al 2%]. No por milagro. Por método.

​De regreso a Inglaterra, Florence hizo algo aún más incómodo: llevó estadísticas al poder.  Usó gráficos, datos y evidencias para demostrar que miles de muertes habían sido evitables. No pedía reconocimiento. Pedía cambios”. (Ankor Inclán, Facebook).

​“Florence nació en Florencia (de ahí su nombre) el 12 de mayo de 1820, fue además de enfermera, escritora y estadística, llegando a ser una de las matemáticas más importantes del mundo ya que usó sus conocimientos para aplicarlos a la Epidemiología y a la Estadística Sanitaria. Fue la primera mujer y pionera en ser admitida en la Royal Statistical Society británica y miembro honorario de la American Statistical Association.  

​Además de sentar las bases sobre la profesionalización de la Enfermería, estableció la primera Escuela de Enfermería laica en el mundo, en 1860, en el hospital Saint Thomas de Londres.  

​Su trabajo fue inspiración para Henri Dunant, fundador de la Cruz Roja y autor de propuestas humanitarias adoptadas por la Convención de Ginebra.

​La reina Victoria le otorgó, en 1883, la Real Cruz Roja; en 1907 se convirtió en la primera mujer en recibir la Orden del Mérito del Reino Unido. En 1908 le fueron otorgadas las Llaves de la Ciudad de Londres.

​El juramento Nightingale efectuado por l@s enfermer@s al graduarse, fue creado en su honor en 1893; y, por si fuera poco, el Día Internacional de la Enfermería se celebra en la fecha de su cumpleaños”. (Wikipedia).

​Al momento de investigar, es impresionante la serie de estatuas, litografías, pinturas, escritos y hasta poemas que se han hecho en su honor. Realmente fue una persona que cambió las condiciones sanitarias hospitalarias tanto en la guerra como en la paz, de todo el mundo, mejorando drásticamente los cuidados, y por tanto, la recuperación de l@s enferm@s con medidas tan sencillas como: lavado de manos, ventilación, espacio, limpieza, buena alimentación, agua, iluminación natural y saneamiento… pero llevadas a cabo con disciplina y control, porque también unió las estadísticas a sus estudios.

​Le llamaban la “Dama de la lámpara” porque en las noches daba sus rondas entre sus enfermos, con una pequeña lámpara de aceite, en su mano, para revisar las condiciones de salud e higiene y hasta para platicar con ellos. Con ella surge la atención integral o centrada en el paciente… con compasión. Los pacientes la veían como una figura protectora. Es por eso que muchas escuelas de Enfermería llevan en emblemas una lámpara encendida… de hecho el premio más prestigioso de Enfermería otorgado por la Cruz Roja Internacional, lleva su nombre: Medalla Florence Nightingale.

​“Cada hospital limpio, cada parto sin infección, cada vida salvada por una rutina que hoy parece obvia… lleva algo de aquella mujer que se atrevió a decir que morir no era normal.  Porque a veces, la verdadera revolución no hace ruido. Solo ordena el caos… y deja que la vida continúe”. (Ankor Inclán, 22/dic/25, Facebook).

​Muy impactante, ¿verdad, queridos lectores? Para mí el verdadero Feminismo, es esto: poner tu vida en cambiar, en mejorar en algún sentido la vida de los seres humanos… no en rayonear, incendiar, destruir como parecen creer algunas mal llamadas feministas.

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