Hace mucho tiempo alguien sembró profundo horadando en una psique débil, descubriendo en ella una tierra fecunda.

Y fue hábil el Sembrador, o probablemente hubo varios de ellos, no lo sé. Lo que sí sé y puedo asegurar, es que la culpa germinó y dio fruto, y desde entonces, sin siquiera darme cuenta he permitido que se siga levantando en mí esa cosecha.

Tal vez creí durante mucho tiempo que era parte integral de mi persona, algo que brotaba de mi corazón y se extendía por todo mi cuerpo, anexándose a mis pensamientos. Ahora me doy cuenta de que en un inicio yo no funcionaba de esa manera, que fueron las sutiles palabras, dichas como al descuido a lo largo de tanto tiempo, las que se incrustaron y parasitaron mi ser, convirtiéndome en una planta injertada.

Ignoraba por completo esas intenciones, que, a diferencia mía y a mi costa, si conocían la ventaja de sembrar temprano. Después, partieron y no volvieron más, pero es como si hubieran permanecido, porque ya estaba abonada mi tierra fértil.

Y ahora, al pasar los años, viene alguien (Ella) a quitar esa máscara, a descubrir ese velo.

Y me revela con gran sorpresa de mi parte, que esa aseveración, esa forma de actuar que yo pensaba era mía, no lo era, no provenía de mí, era ajena.

Debo de reconocer que aún me encuentro sorprendida y que no salgo de mi asombro, porque la mente y el corazón recorren caminos muy intrincados. Algunos desconocidos para mí, pudiera decir que camaleónicos, pero no para esos ojos suyos, avezados en descubrir islas o promontorios.

Ella me dice, que mi tierra era fértil y que ellos lo supieron, pudieron ver en mí y sembraron a mansalva esa culpa que floreció radiante como una flor en primavera. Y que, tratándose de un buen corazón, fueron abundantes las gavillas.

También me dice que fácilmente me enganché en ese círculo vicioso, y que debo de descubrir su origen porque esa es mi tarea. Así que, siguiendo ese rastro, eché atrás y recorrí esos caminos enhierbados que parecía que se habían perdido entre la maleza, sin embargo, yo supe hallarlos. Hubo momentos en que me sentí extraviada en esas veredas, pero encontré el rumbo y volví sana y salva.

Me reencontré con tu voz y con tus manos como si mi tiempo hubiera transcurrido en un segundo, y ahí instalada nuevamente, pude ver con ojos nuevos lo que asumí como una verdad que ahora refuto y repelo. Sin embargo, no me entretuve en hacerte reproches, porque comprendí que contigo había sucedido exactamente lo mismo. Fuiste una víctima más que no recibió razones.