A veces la vida une a dos personas, las ata de manera invisible para que no se den cuenta, sin embargo, son tan fuertes esas ataduras que se conservan por años, por lustros o una vida entera. 

A pesar de las distancias permanecerán unidas, como si fueran una sola cosa, un binomio que se expresa en la infinidad de las galaxias, que mostrará nuestros nombres con polvo de estrellas.

Suele ser que alguna se detenga porque se siente agobiada y la otra a la distancia se da cuenta y tira fuertemente para sacarla del atolladero, como si lo sintiera en su carne, como si lo presintiera, y le murmurara al oído; yo, yo te quiero.

Y, ¿qué es más fuerte que el amor para demoler murallas, para acortar distancias, para derretir el hielo?. No lo sé, dímelo tú, porque yo, yo así lo creo.

En algunos casos, se sueltan las ataduras por falta de sinceridad o entrega, porque no hubo ese brillo en la mirada que juró, que prometió la pertenencia y alejar el miedo, cuando las noches fueran extremadamente oscuras y no hubiera camino. Cuando se cerraran las puertas, o escasearan las promesas. Siendo así, se desatan esos nudos invisibles y se alejan, y se escucha un sollozo en algún lugar del universo.

Pero no es el caso al que me refiero hoy, pues en esta tarde nublada en dónde se promete

la lluvia, me saludan los cielos y me hablan de ti. A la distancia, te estoy llamando detrás de

estos cristales, mirándote tras la cortina con mi mente y mis ojos cerrados, porque el

lenguaje del pensamiento no está incluido en los sentidos.

Porque allá donde tú te encuentras, tal vez sentada bajo la camelina, estoy también, como un binomio intangible que plática con tu corazón bueno.

Hay tantas cosas que quiero decirte que no quiero omitir ninguna por eso se las dije a tus ojos que pueden leer en mí. Y a la distancia repasamos el cuaderno que escribimos.

A veces, el corazón se inflama y late deprisa, queriendo llegar más pronto, como si recorriera apresurado el camino sin distancias, al que se llega en un instante, en un parpadeo. Porque el pensamiento es veloz como la luz, como los meteoros o las estrellas fugaces que cruzan la Tierra gritando: Mírame, observa mi luz, existo, rompo distancias, derrito el hielo.

Y yo afortunada, agradezco los lazos invisibles, que te acercaron y nos unieron. Porque este presente trasciende la distancia, y aunque el tiempo transcurra, seguiremos siendo una unidad, una fuerza que no se quiebra.

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