A través de 450 años de historia, nuestra ciudad ha acumulado un patrimonio cultural construido a base de creencias y costumbres populares que parten de las necesidades y de las circunstancias propias de cada época vivida; y es todo ese bagaje el que nos da identidad propia como leoneses. Así tenemos por ejemplo las tradiciones religiosas, entre las que destacan las peregrinaciones al Santuario de Guadalupe con los niños vestidos de “inditos” el 12 de enero, la Quema de Judas en Semana Santa en la mítica esquina conocida como “La Llamarada” y por supuesto, las festividades a nuestra Santa Patrona la Madre Santísima de la Luz; por mencionar algunas, todas ellas derivadas de la religión Católica que ha sido la que predomina en nuestra ciudad desde su fundación.

Luego vienen aquellas tradiciones que tienen que ver con las artes y los oficios, y aquí encontramos ya desde el Siglo XVIII, aproximadamente, los inicios de la curtiembre de pieles de animales para obtener el cuero con el que se elaboraban infinidad de productos de marroquinería, talabartería y zapatería, lo que a la postre nos ganó el mote nacional de la “Ciudad de la Piel y del Calzado”; industria que inició de manera artesanal y que con el paso del tiempo creció, perfeccionando sus procesos, convirtiéndose en la base de la boyante economía leonesa del siglo pasado, dejando de lado otras actividades como la agricultura y la ganadería con menos impacto en la población.

Y por último, están las tradiciones gastronómicas y culinarias, que aquí en León tuvieron una fuerte influencia novohispana, como lo vemos en las tradicionales cazuelas de Semana Santa y como algo muy novedoso apenas surgido por ahí de la segunda mitad del siglo pasado, tenemos a nuestras muy famosas Guacamayas, esa botana que no falta nunca en nuestras reuniones familiares o de amigos, con el pretexto de cualquier celebración, sencilla y sabrosa, que no requiere más ingredientes que un bolillo, duro de puerco, y una salsa pico de gallo, que puede ir de lo moderado hasta el extremo picante.

Pues bien, entre la cantidad de relatos que atribuyen la creación de este manjar a puestos callejeros ambulantes de comida, de esos que siempre se encuentran en los barrios y diversas zonas de la ciudad; descubrí en una popular red social, un video que llamó mi atención, creado con inteligencia artificial pero cuya historia narrada me pareció poco verídica, en la que supuestamente allá por los años 50, a tres amigos, por no decir vagos, se les ocurre la idea de introducir el duro de puerco en un bolillo y bañarlo en salsa de jitomate y le dan el nombre de “guacamaya” porque el picante de la salsa hacía hablar de más a quien lo probara.Creo esa “historia es un invento”. Hasta 1965 que estuve en la secundaria no había guacamayas, o sea esa torta de durito de chicharrón con salsa. Y ahí en el patio de atrás de la entonces Prevocacional (ETIC 13), había un durero con su carrito con ruedas de bicicleta y con su caja con cristales con sus hojas de duro de puerco y su salsa. Y había otro con sus tortas de jamón, de carnitas y de queso de puerco, y llevaba un canasto con bolillos en una carretilla a un lado. Y un día uno de los muchachos más pobres de la escuela, como no tenía para pagar una torta, compró un bolillo y luego un pedazo de duro y se lo metió al bolillo con salsa y eso comió. Luego el señor de los duros vio buena esa idea y llevó sus propios bolillos para ofrecer tortas de duro de puerco con salsa. Primero las empezaron a llamar “horcaperros” porque un día un perrito se comió un pedazo de torta con duro y salsa que se le cayó a un muchacho y el pobre animal con el chile nomás regurgitaba muy feo como ahogándose. Y pues ya pedían al durero una torta “horcaperro”. Obvio eran más baratas que las de jamón, carnitas o queso de puerco. Ya después no supe de donde surgió el nombre de “guacamaya”. Pero seguramente será otra historia, posterior a ese año de 1965. Hay quienes mencionan que el nombre provino de puestos que vendían estas tortas en el Parque Hidalgo cerca de un lugar donde había una jaula con estas aves y que de ahí surgió la voz popular de ir a comprar tortas de duro ahí, cerca de las guacamayas, quedándose con el tiempo el nombre para identificar esta preparación tan peculiar, ustedes amables lectores, tendrán seguramente, su propia versión de la historia, ojalá y nos la comentaran al correo loreayabogados@gmail.com

450 Historias de León

Acompáñanos en un recorrido por la historia de León. Recibe en tu correo relatos sobre personajes, barrios, tradiciones y momentos clave, que celebran la identidad leonesa, en el marco de los 450 años de nuestra ciudad.