Para que vean, estimados lectores, lo wey que es este su h. escribano: antier habíamos iniciado el artículo que apareció ayer en este espacio y de repente: ¡fua!, se quedó la pantalla en negro, todo se silenció, sentimos más oscura la oficina y en segundos nos percatamos de que estábamos sin luz. ¡Ni modo, pensamos, aún no le enseñamos a esta compu a que funcione con leña -como las estufas del Ayatola-, así que nos hincamos a rezarle a Thomas Edison y a Nikola Tesla para que se restableciera el flujo de electrones! Poco más de media hora después regresó la electricidad, sólo para hallar un nuevo problema: el router del wifi decidió irse a la huelga, como la CNTE, entonces no había forma de que pudiéramos enviar el escrito una vez hecho. Sentíamos perdida la partida, pero en eso intervino un buen samaritano de esos que le entienden a los misteriosos aparatos. En ese instante fue que nos equivocamos gacho, de lo cual nos dimos cuenta ayer gracias a una explicación semántica ofrecida por la señora Sheinbaum.
“¡Padecimos un apagón!”, le explicamos a nuestro experto, “¡y no jala el wifi!”. “¡Desconecta el router y vuélvelo a conectar!”, nos ordenó. Lo desenchufamos, protestó con ruidos raros, lo reconectamos y ¡milagro!, funcionó. Menos de 24 horas nos duró el gusto de haber realizado lo que resulta, para su h. servidor, un alunizaje con el SpaceX del billonario señor Musk. Y es que nos enteramos, gracias a la mañanera que tan expertamente conduce la señora Sheinbaum, de que en México ¡No hay apagones! Nos informó la Jefa Máxima que lo que sucede es que se dan “interrupciones” en el suministro, y no por falta de generación, sino por “fallas de distribución”. ¡Ah, menos mal, entonces lo que nos acongojó no fue un apagón, sino una interrupción en el suministro! ¡Esta distinción presidencial hace toda la diferencia! México no tiene nada de qué preocuparse: no hay ni habrá apagones, pues.
La nación entera puede relajarse a sabiendas de que -a menos de que falle la distribución- podrá ver completo cualquier partido del Mundial. De nueva cuenta, poco nos duró el gusto de disfrutar las interrupciones sabiendo que no son apagones, pues en una junta de revisión de temas, un compañero al que le zumba bastante la masa neuronal mencionó lo irónica que resulta la semántica presidencial. Verán: según la dama, un “apagón” es producto de falta de generación, pero una “interrupción” es una falla de distribución. Y justo ahí es donde brincó el conejo de la chistera y la puerca torció el rabo. Según la contrarreforma promovida por el Ayatola de Palenque y secundada por la Tlatoanesa en funciones, la iniciativa privada, nacional o extranjera, tiene permiso del Komitet para invertir en generación junto con la CFE. ¡Pero…!… Le está prohibido a la IP -local o global- invertir ¡En distribución!
Afirma Sheinbaum que andamos bien en generación, o sea que no se requiere inversión externa para apoyar a la CFE, pero en lo que andamos MAL es en distribución, y ahí, en esta facultad exclusiva de la CFE, se le prohíbe a la IP invertir y apoyar a la paraestatal. O sea, donde sí se puede no necesitan, pero donde andan urgidos ¡No se puede! Lo que significa esta gran lección de semántica, cortesía de la Tovarich de Palacio Nacional, es: ¡a comprar velas, porque luz eléctrica no va a haber en México! Vamos a necesitar ver cómo le haremos como país para crecer nuestra economía, nuestra planta industrial y comercial, exportar, generar empleos, elevar el nivel de vida de los ciudadanos sin incrementar la capacidad de entregar energía eléctrica a industrias, comercios y hogares.
¿De qué nos sirve generar un chirimoyazo de kilovatios ¡si no se pueden entregar en donde se necesitan!? La Tovarich Presidenta de manera urgente debe borrar la prohibición para que la IP invierta en conducción, ¡más aún, debe abrirse todito! Le urge a México inversión, crecer, generar empleos, incrementar la actividad económica, sólo que esto no se logra fortaleciendo monopolios y debilitando a la sociedad. Más bien, hay que dar reversa a todas estas ideas comunistoides que, propuestas por el Ayatola, han adoptado ciegamente como dogmas de fe en la cuatrotería.