La película “La Odisea”, sobre Odiseo —también llamado Ulises—, de Christopher Nolan, abre una ventana enorme a la cultura griega mediante la recreación de la épica mitológica de Homero. La obra proviene de entre los años 800 y 700 antes de Cristo, aunque los hechos narrados se remontan al siglo XII a. C.

Siempre supimos de la “Ilíada” y “La Odisea” en las primeras lecciones de literatura universal, aunque estaban lejos de interesarnos porque ni siquiera los maestros de secundaria y preparatoria las habían leído. Hoy se consideran el principio de nuestra herencia grecolatina, junto con los poemas de Hesíodo.

Pero el tema es la película: una obra monumental que trae a la vida lo que imaginaban y pensaban los griegos sobre el destino, los dioses, los monstruos que los acompañan y la capacidad de resistir las complicaciones de la vida. Homero no es un personaje histórico griego plenamente identificado; podría representar el cúmulo de cronistas orales que dieron forma al poema transmitido de generación en generación.

La crítica califica la película como uno de los mejores largometrajes de la época. Nolan filma en formato IMAX, el de mayor amplitud posible, en pantallas de hasta 350 metros cuadrados. Es una experiencia inmersiva que sitúa al espectador junto a Ulises en los barcos griegos de remos y vela y que, con un sonido potente, hace temblar las salas IMAX.

Tan pronto como se anunció su estreno, revistas como “Time” comenzaron a explotar la veta histórica, ofreciendo contexto sobre la geografía mediterránea y los múltiples dioses y héroes griegos que acompañaron a Odiseo, desde Zeus hasta su protectora, Atenea.

La resurrección de la épica griega nos acerca al nacimiento de la cultura occidental, anterior a los presocráticos y a casi todo, salvo la cultura egipcia. En “La Odisea” nos reconocemos en ese sentido de la vida, siempre llena de retos, monstruos, dioses y compañeros de viaje, así como en el anhelo insuperable de encontrar siempre el regreso a casa. ¿Es este un lugar físico o un espacio espiritual de plenitud?

Perdón, pero, al disfrutar de lo que será considerado una obra de arte cinematográfica, no dejé de pensar en el valor que significó para nuestra raza y cultura la fusión de lo hispano con lo indígena. Los helenistas mexicanos, encabezados por Alfonso Reyes y José Vasconcelos, habrían disfrutado la recreación del mundo que estudiaron con tanta profundidad.

La fantasía del cine que retrata la mitología griega no deja de ser un mensaje de gran profundidad humana, más cercano a la piel de Odiseo y sus hombres que a los monstruos, las sirenas, las diosas y los dioses que forman parte de los temores, los anhelos y la finitud que acompañan a cada mortal.

Odiseo renuncia a la inmortalidad junto a la bellísima diosa Calipso para regresar a casa con su esposa, Penélope, y reclamar su trono para su hijo Telémaco. Vuelve para reconquistar su mansión insular, donde los pretendientes de Penélope viven de sus bienes. Llega disfrazado de humilde limosnero para identificar a quienes han robado la comida y la paz de su casa. Es una escena difícil de interpretar, como casi toda la ficción mitológica del recorrido de diez años de Odiseo para volver con Penélope.

El elenco, integrado por Matt Damon, Anne Hathaway, Tom Holland, Charlize Theron y Zendaya, ofrece un sólido respaldo actoral.

Basten estas palabras de un aficionado al cine —no de un crítico— que recomienda volver a la pantalla grande como entretenimiento y como platillo cultural. Vale.

450 Historias de León

Acompáñanos en un recorrido por la historia de León. Recibe en tu correo relatos sobre personajes, barrios, tradiciones y momentos clave, que celebran la identidad leonesa, en el marco de los 450 años de nuestra ciudad.