Conocimos esta historia desde que el PRI era un partido aplanadora: antes de las elecciones, mucho antes, el partido lanzaba señales sobre quiénes serían sus candidatos. Lo hacía para casi todos los puestos salvo “el tapado”, quien aspiraba a la presidencia de la República.
En Guanajuato supimos que Enrique Velasco Ibarra sería el candidato de José López Portillo, aunque nadie lo conocía antes. Con él también nos enteramos de que su amigo, Harold Gabriel, sería el alcalde de León. El “partidazo” siempre enviaba “señales” para que la “cargada” se “alineara” con el “favorecido”. Así era como, en la mayoría de los comicios, se evitaban pleitos que, en muchos estados broncos, podían desembocar en el uso de las armas.
Todos sabíamos que el gran elector, el llamado “dedo”, era el presidente o los gobernadores. Dentro del partido se elaboraban las “listas” de candidatos con la intención de entregar el poder a los cercanos, a los amigos y, en algunos casos, a los más competentes. Así funcionaba “el sistema”. Nunca hubo elecciones primarias ni encuestas que determinaran la selección. Eran candidatos designados.
Como dijo el gran Yogi Berra: “Se repite la historia de nueva cuenta” en León. Por lo que vemos en los medios “alineados” con el gobierno panista, Alan Márquez será el candidato a la presidencia municipal. Desde el partido y el palacio de la Presa de la Olla llega un candidato seleccionado por el “dedo”.
Los otros contendientes parecen de relleno que sirven para darle un aire de democracia al blanquiazul. Luis Ernesto Ayala muestra interés en volver a la presidencia, pero sabemos que no tiene la mejor relación con quienes mandan en el partido. Tampoco con la gobernadora porque se puso del lado de la alcaldesa Alejandra Gutiérrez, quien se fugó a Movimiento Ciudadano. A Jorge Espadas lo conocen solo en su casa y en el Congreso, donde pastorea a los diputados de Acción Nacional. En el horizonte no hay nadie que quiera pelear desde dentro del partido, tal vez porque otros aspirantes saben leer la política y no quieren perder el tiempo. Mejor se suman a la “cargada”.
Márquez es un político eficaz; como diputado federal, destacó por su labor legislativa. Su punto débil es su participación en el sexenio pasado, el peor que hemos tenido en décadas. Alan —como será ampliamente conocido y repetido su nombre— hace campaña fuera de la ley, al igual que lo hacen los candidatos de Morena a varias gubernaturas.
Como no hay oposición a la vista, lo más probable es que el PAN gane en León. León, más que panista, es antimorenista y eso pesa mucho en una elección local. En el Estado, las cosas son distintas debido a la correlación entre los apoyos sociales de la federación y la intención de voto. Si Morena y sus aliados ganan la mayoría en el Congreso de Guanajuato, la gobernadora Libia García tendrá que usar todo su talento político para cumplir con los ciudadanos en la segunda parte de su mandato.
Lo incierto para Morena es el desgaste y los conflictos internos que lo llevan de regreso a la época de las tribus del PRD. En ese partido no hay un liderazgo visible, al menos por ahora.
En el PAN, candidato habemus.