Con tres sedes diferentes, el Mundial 2026 ha destacado como una edición histórica, incluyente también al llevar el futbol a todos los rincones del mundo… aunque alejada, al mismo tiempo, de su gente y de la esencia que la ha mantenido viva los últimos 96 años.
México, Estados Unidos y Canadá fueron los países elegidos para albergar la edición XXIII de la máxima justa del balompié, una que ha roto esquemas desde siempre y que en este 2026 no ha sido la excepción.
Dirigida a un total de 48 selecciones, 16 cupos más que los acostumbrados desde Francia 1998, Gianni Infantino, presidente de la FIFA, planeó el Mundial más grande de la historia y lo ha conseguido… pero a costa de priorizar el aspecto económico y no al corazón que la dirige.

Boletos imposibles de adquirir para el aficionado común, pausas de hidratación en cada uno de los dos periodos en los que se divide un partido, la necesidad de contratar un paquete especial para ver los partidos pues la televisión abierta apenas cubre un 30% del total de los juegos. La Copa del Mundo se ha convertido en un torneo para unos cuantos.
“El poder del futbol está ahí. Estamos convencidos del impacto absoluto del futbol en Norteamérica. Habrá más partidos, más volumen en todo lo que rodea a la Copa del Mundo”, dijo el presidente de la FIFA en 2022, cuando se hizo oficial el aumento en la cantidad de plazas.
El impacto ha sido evidente, pero también la importancia que se le ha dado al plano económico, en detrimento de la esencia del juego y de los fanáticos del balompié que se han visto afectados.
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Pausas de hidratación
La FIFA determinó que debido a las altas temperaturas del verano en México y Estados Unidos, los 104 partidos de la Copa del Mundo incluirían dos periodos obligatorios para que los jugadores tuvieran la oportunidad de hidratarse.
Las dos pausas de más o menos minutos se colocaron a los 22 minutos de cada uno de los tiempos, dividiendo el partido de 90 minutos en cuatro periodos de poco más de 20.

Esta determinación ha causado muchas críticas, pues estos minutos han sido aprovechados para colocar una serie de comerciales que confunden al espectador y que han motivado el cambio de pausas de hidratación, a ‘pausas de monetización’.
Precios inaccesibles
“La FIFA prometió ‘el Mundial más incluyente de la historia’ y terminó convirtiendo un boleto en artículo de lujo”, dijo el periodista José Ramón Fernández en una entrevista para El Economista, refiriéndose a los altos costos que presume esta edición.
En México se aplicaron tarifas variables, con precios que aumentaban de acuerdo a la fase en la que se encontraba la venta de boletos, y si bien iniciaron con costos de 2 mil pesos más o menos; en la última fase de venta alcanzaron casi los 100 mil o más.
Y ni hablar de la reventa, en la que se ofrecen boletos en casi medio millón de pesos.
Así, de acuerdo con El Economista, sólo el 1% de la población mexicana podría acudir al estadio a ver alguno de los partidos de la Copa del Mundo, mientras que más de la mitad no tendría otra opción mas que ver los partidos por televisión.

Transmisiones restringidas
En territorio tricolor, sólo la plataforma ViX (de Televisa) pagó los derechos para transmitir los 104 partidos del Mundial, por lo que para cualquier persona, es necesario contar con una suscripción a este servicio para ver de manera legal cada uno de los duelos.
La FIFA ha sido implacable en este aspecto, cortando cualquier transmisión ‘pirata’ realizada fuera de los canales oficiales. En medios de comunicación nacionales, incluso, se señala que el IMPI (Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial) ha bloqueado 57 canales de streaming que difundían los partidos sin licencia.
Si alguna persona no desea suscribirse a ViX, sólo podrá ver 32 partidos de la Copa del Mundo, número que se transmitirá por televisión abierta y de paga a través de TV Azteca y TUDN.
Restricciones a restaurantes
El bloqueo en las transmisiones afectó también a bares, restaurantes y lugares de reunión, pues de transmitir cualquier partido en el local sin pagar la licencia comercial obligatoria, sería motivo de multas de casi 30 mil pesos.

Así, son pocos los locales de alimentos y bebidas que cumplen con las medidas requeridas, por lo que el trabajo se concentra en los que realizaron una inversión importante para pagar la licencia de transmisión.