Guanajuato.- La lluvia, incesante durante más de quince días, alcanzó aquella noche una furia desmedida. El río, desbordado y sin diques que lo contuvieran, se abalanzó sobre la ciudad y derribó muros con un estrépito que rompió la quietud nocturna. Entonces se escucharon los gritos por doquier: voces desesperadas que se confundían con el bramido […]